LEER: Desde los que hacemos posible Todos los Nombres de Porcuna, quisiéramos pedir disculpas a todas aquellas personas que se han puesto en contacto con nosotros a través de e-mail o facebook solicitando información sobre sus familiares, y que a día de hoy no les hemos contestado. Creo que son unas 25 peticiones las que tenemos sin atender, pero es que los medios de los que disponemos son escasos y el trabajo se nos acumula.

Gracias por vuestra paciencia, y esperemos contestar a vuestras peticiones lo antes posible.


- El monumento a la intolerancia y al fascismo se renueva en Porcuna (Jaén)
- El monumento a los "Caídos" sufre una gamberrada.
- Por la retirada de nombres y símbolos franquistas de Porcuna.
- Calles relacionadas con el franquismo y su exaltación en Porcuna
- La peculiar memoria histórica en Porcuna.
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domingo, 23 de agosto de 2026

EL «FONDS ANDRÉ MARTY» COMO FUENTE PARA SEGUIR ABUNDANDO EN LA 14.ª BRIGADA INTERNACIONAL Y SU RELACIÓN CON EL FRENTE DE VILLA DEL RÍO (CÓRDOBA), LOPERA Y PORCUNA (JAÉN) DURANTE LA GUERRA DE ESPAÑA (1936-1937)

EL «FONDS ANDRÉ MARTY» COMO FUENTE DE INFORMACIÓN PARA SEGUIR ABUNDANDO EN LA 14.ª BRIGADA INTERNACIONAL Y SU RELACIÓN CON EL FRENTE DE VILLA DEL RÍO (CÓRDOBA), LOPERA Y PORCUNA (JAÉN) DURANTE LA GUERRA DE ESPAÑA (1936-1937)


Portada del nº 40 de «El soldado de la República». 18 de julio de 1937


En el Portal de Archivos de la República Francesa (https://francearchives.gouv.fr/es), al margen de muchísima información, claro está, se encuentra una que nos ha llamado especialmente la atención. En concreto se trata del Fondo Documental de André Marty (Fonds André Marty). André Marty (1886–1956) fue un dirigente comunista francés, miembro destacado de la Internacional Comunista (Komintern) y una de las figuras más importantes —y controvertidas— en la organización de las Brigadas Internacionales durante la Guerra Civil española.

Cuando se organizaron las Brigadas Internacionales en 1936, la Internacional Comunista encargó a Marty una parte fundamental de su organización. Fue enviado a España y se estableció en Albacete, que se convirtió en el gran centro de reclutamiento, organización y entrenamiento de los voluntarios extranjeros.

Su relación con Albacete fue especialmente intensa. La ciudad se convirtió en el corazón administrativo y logístico de las Brigadas. Desde allí se organizaban los voluntarios y se enviaban a los distintos frentes. Las primeras grandes unidades internacionales —XI, XII, XIII, XIV y XV Brigadas— se constituyeron en torno a esta estructura.

El 9º Batallón Comune de Paris

Una de esas brigadas fue la 14.ª Brigada Internacional, que apenas unos días después de su creación, un 2 de diciembre de 1936, entró en contacto un primer batallón con el enemigo el 23 de ese mismo mes en las inmediaciones de Villa del Río (Córdoba), donde fueron sorprendidos por los franquistas de Quiepo de Llano. El día 25 llegó el resto de la Brigada que tuvo como misión defender Lopera (Jaén), cosa que no pudo hacer al haber sido ya tomada por los facciosos, desarrollándose durante los días 25 al 29 la conocida como «Batalla de Lopera», y donde la brigada fue muy diezmada. Y hasta aquí, en breves pincelas, lo que la historiografía recopiladora nos ha contando con obras especialmente relevantes como la de los hermanos Pantoja, de Lopera, en su libro «La XIV Brigada Internacional en Andalucía. La tragedia de Villa del Río y la batalla de Lopera» (2006). Pero la batalla no concluyó aquí, siguió en los días posteriores con los facciosos atacando Porcuna (Jaén), localidad que cae en sus manos el 1º de enero de 1937 tras duros bombardeos ininterrumpidos en apoyo a las columnas de requetés, moros y legionarios, siendo éste punto el verdadero objetivo de la conocida como «Campaña de la Aceituna» diseñada por golpista Queipo de Llano, y con una feroz resistencia de la Columna Vallejo de infantería republicana, así como otras unidades, incluidos los restos de la 14.ª Brigada Internacional que siguió participando en labores defensivas y ofensivas hasta una fecha aún no precisa entre los meses de enero y febrero de 1937, y en la que la historiografía no paree ponerse de acuerdo. Mientras Carlos Engel (2005) mantiene que se retiraron del frente andaluz el 7 de enero de 1937, los hermanos Pantoja, citando al hagiógrafo padre jesuita Bernabé Copado, que acompañó en campaña a la Columna Redondo de requetés, afirman que los internacionales estuvieron en el frente entre Villa del Río, Lopera y Porcuna hasta bien entrado el mes de febrero donde se sucedieron violentos ataques republicanos – especialmente los días del 5 al 8 - en un intento desesperado de reconquistar Porcuna, calificado en las crónicas fascistas como el «nido de las águilas». Esta información contradice a Carlos Engel, que si bien sin citar fuente o apoyo documental, afirma que el 7 de enero abandona el frente de Porcuna y se traslada a Galapagar para intervenir en los combates de la carretera de La Coruña. El 11 de enero partió desde el puente del Guadarrama flanqueada por algunos tanques y conquistando el Vértice Cumbre, avance que siguió hasta Las Rozas. Dichas Brigada sí participó en la batalla del Jarama, en concreto, el 16 de febrero, donde sin duda volvería a reencontrarse con muchos porcunenses y jiennenses enrolados ya en la 24.ª Brigada Mixta del Ejército Popular.

Una de las tantas imágenes que se pueden encontrar entre la documentación

Y todo esto lo contamos en relación al archivo documental de André Marty que os dejo enlazado «ut infra», pues no sólo hay una cantidad importante de documentación personal de nuestro protagonista de hoy o relacionada con sus tareas militares o administrativas con el gobierno de la Segunda República, sino que podéis acceder a la principal publicación de dicha brigada, Le Soldat de la République, el órgano de prensa de la 14.ª Brigada Internacional, conocida como «La Marsellesa», que fue traducida al francés y al castellano. Se publicó en Madrid durante 1937, con periodicidad irregular. El primer número apareció el 16 de febrero de 1937, sin que sepamos a ciencia cierta cuántos se llegaron a publicar. De estos números nos ha llamado la atención el gran número de fotografías publicadas con respecto a la brigada o alguno de sus batallones, alguna, entendemos, de un incalculable interés plástico, sociológico e histórico de enorme envergadura que tiene que ayudar a los historiadores y a la sociedad civil para entender un conflicto que aún marca a la sociedad española actual.

Con motivo del aniversario del comienzo de la guerra de España, la brigada edita su número 40, precisamente un 18 de julio de 1937. Sus páginas son muy interesantes para los investigadores de las brigadas en general y las internacionales en particular. En su página 2, que con tiene dos fotografías, una de los «camaradas de la Centuria de París» y la otra de los «camaradas Juan Rodríguez y Juan Jevs», un tal E. Miralles que firma como comisario político, pero que no hemos podido contrastar, hace un recorrido por los inicios de la brigada desde su constitución, pasando por los combates en Andalucía, para finalizar en los luchas que sostuvieron en Navacerrada. El texto traducido – con erratas posiblemente por nuestra parte – nos habla sobre la presencia de la brigada en Andalucía:

«Fue después del frente del Sur —Lopera, Villa del Río, Porcuna— cuando tuvo lugar para nosotros el bautismo de fuego de nuestra Brigada, que se distinguió en diversas operaciones del Centro.

Lopera será un recuerdo que permanecerá mucho tiempo en el espíritu de todos, porque, sin armas, sin aviación, nuestro primer contacto con el enemigo no ofrecía resistencia más que por el entusiasmo que poseía cada voluntario de la libertad.

Andújar dejaba detrás de sí un éxodo de mujeres, niños, ancianos, mientras, en nuestro camino, se cruzaba que nos conducía al fuego; la 14.ª tomó posición y el avance rebelde, después de duros combates, quedó completamente detenido.

Este fue su primer frente, desde ese momento la 14.ª sería conocida por todos. Más tarde fueron Las Rozas, el Jarama, la Sierra, Navacerrada, donde los fascistas aprendieron lo que era la 14.ª, símbolo de abnegación y de fe en la lucha.

Habíamos hecho, al recibir del pueblo de Jaén una bandera como testimonio de simpatía hacia nuestra Brigada, el juramento de luchar hasta el final, hasta la victoria definitiva sobre el fascismo. Ninguno de nosotros ha olvidado aquel juramento hecho al pueblo de Jaén; nuestros combates pasados son un testimonio de ello».



Artículo en francés al que nos referíamos más arriba

Del texto, se obtienen varias conclusiones que creemos verosímiles, teniendo en cuenta que es un diario de propaganda de la unidad: una, que la 14.ª Brigada Internacional combatió al menos desde finales de 1936 y principios de 1937 en las inmediaciones de Porcuna, al menos; dos, aparte de Carlos Engel, hay otras fuentes que sitúa a la 14.ª Brigada en el frente de Guadarrama-Las Rozas el 11 de enero de 1937, por lo que es plausible que abandonaran el frente andaluz el 7 de enero de 1937, por lo que las informaciones del padre Bernabé Copado que sitúa todavía a los internacionales en febrero de 1937 en ese frente, pese a ser testigo de los hechos, podrían ser erróneas, de hecho, cuando se refiere a ellos dice que hay muchos franceses y rusos, cuando de estos últimos no hubo ninguno en la brigada, salvo algún observador del PCUS, y en cambio sí otras nacionalidades, aunque la mayoría eran francófonos; y tres, y no menos importante, el pueblo de Jaén condecoró con una bandera a la también conocida como brigada «La Marseillaise», a la que éstos ofrecieron juramento siempre.

Y hasta aquí una información que creemos de interés para todos aquellos que os dedicáis a estas líneas de investigación o sencillamente quieren conocer parte de su historia.


Hoja mural del Socorro Rojo Internacional. 1938

FUENTES:

1.- Portail Nacional des Archives République Française. Fonds André Marty. Paris1 CHS AM. Agence bibliographique de l'Enseignement supérieur . 2013. URL [https://francearchives.gouv.fr/es/findingaid/57c0f0f877569d77bab381df0d0e27de80cbd270]. Consultado el 20-23 de agosto de 2026.

BIBLIOGRAFÍA:

1.- ENGEL, Carlos (2005): Historia de las Brigadas Mixtas del Ejército Popular de la República. 1936-1939. Ed. Almena. Madrid. Pp. 35-37.

2.- PANTOJA VALLEJO, Antonio y PANTOJA VALLEJO, José Luis (2006): La XIV Brigada Internacional en Andalucía. La tragedia de Villa del Río y la batalla de Lopera. Ed. Diputación Provincial de Jaén. Jaén. Pp. 197 y ss.

3.- COPADO, Bernabé (1937): Con la Columna Redondo. Combates y conquistas. Crónica de guerra. Imprenta de la Gavidia. Sevilla. Pp. 260 y ss.

El artículo en pdf sin imágenes os lo podéis bajar AQUÍ.



lunes, 9 de julio de 2012

Cartas desde la cárcel: "En capilla". 3ª entrega.

Juan Pérez Zumaquero rodeado de compañeros de armas
Juan Pérez Zumaquero (primero por la derecha) junto a otros compeñeros de armas


 A Juan Pérez Montilla, hijo de Juan Pérez Zumaquero, asesinado,  
por su lucha infatigable contra la desmemoria.

"Estoy deshecho Ana esposa del alma, muero como los hombres solo, con mi corazón en vosotros, en ti, mi hijo que no ha podido conocer a su padre, en mis padres de mi alma, esos viejos queridos que tanto han trabajado por mí".

A Juan Pérez Zumaquero lo detuvieron en Valencia junto a su gran amigo, Rogelio Gómez Díaz, "Cómpeta", un 9 de abril de 1939. Los dos habían desistido ya de abandonar España por Francia, los dos sabían que su futuro era incierto. Los dos fueron detenidos por un agente afecto a la Comisaría del Cuarto Sector de la Columna de Orden y Policía de Valencia. Los dos sabían quién los detenía, lo conocían bien, demasiado bien. De hecho había sido compañero suyo en las juventudes socialistas, pero la guerra, salvar el cuello y hacer méritos en el nuevo régimen, impulsó al agente, paisano suyo, de Porcuna, a detenerlos. Él sabía quiénes eran, dos "piezas" de masiado golosas para dejarlas escapar en algún barco o camino de Francia. Juan había sido secretario de la Agrupación Socialista de Porcuna; presidente de las Juventudes Socialistas y articulista en el diario provincial socialista "Democracia". Desde allí hostigó, con su pluma, el régimen caciquil, la subyugación en la que vivía la clase obrare porcunense. Rogelio, comisario político durante la contienda, había ostentado las responsabilidades más altas dentro de Izquierda Republicana, perteneciendo al Comité Local del Frente Popular, siendo el encargado directo del abastecimiento a la población civil después del golpe de estado. Los dos serían trasladados a la prisión provincial de Jaén, los dos serían juzgados, aunque el destino fue distinto para cada uno. A ninguno de los dos se les aplicó el "habeas corpus". Juan Pérez fue juzgado el 17 de abril de 1940 en Jaén, en un juicio a todas luces ilegal. Fue condenado a la última pena por un delito de adhesión a la rebelión militar. ¡Qué hipocresía ¿no?!. Los verdugos se alzan en armas contra el gobierno legítimo de la República, y los defensores de ésta son juzgados por rebelión militar. El 11 de octubre de 1940, "el Jefe del Estado se da por enterado" (sic) de la pena impuesta dando su visto bueno, ratificándolo el Auditor de Guerra en Córdoba. ¡La suerte estaba echada!, ¡el reloj comenzó la cuenta atrás!. ¡No habría clemencia, ni Juan Pérez la solicitó!. Sabía perfectamente porqué moría, conocía a sus asesinos, aquellos a los que había combatido desde siempre, primero con la pluma y después con la espada que ellos le arrojaron en las manos cuando se alzaron en armas. Moriría como un hombre libre, mirando fíjamente a su pelotón de fusileros. No se arrepentía de nada, salvo de dejar viuda y un hijo que había nacido pocos meses antes. Sabía que dejaba a su familia cuando más necesitaban de su ayuda, de sus brazos, de su mísero jornal, si es que conseguía alguno. ¡Habían perdido la guerra!, todo volvería a ser como antes de la República fenecida; pero a él además le quitaban también la vida, lo alejaban de los suyos. ¡Lo sabía!.
Dibujo de su esposa Ana
A Juan Pérez le comunicaron la sentencia de muerte ese mismo 11 de octubre de 1940. Pasó al pabellón de los condenados a la última pena en la prisión provincial de Jaén. Aislado del resto de los reclusos comenzó a compartir los últimos días de su vida con sus compañeros de destino, aquellos que lo acompañarían hasta el cementerio de San Eufrasio. Encerrado entre cuatro paredes, Juan solo pensaba en su hijo, en su pequeño retoño al que solo había abrazado una vez. Pensaba en su esposa, Ana, en sus pobres padres y en el resto de su familia, que tanto habían hecho por aquella pareja que se casó en Torredonjimeno en el año 1937. A Juan le quedaban pocos días, pocas horas de vida. Lo sabía, era consciente. Se preguntaba una y otra vez qué había hecho para estar en esa situación. Lo sabía. Sabía que habían perdido la guerra; que su crimen sería político, por ideas. Sabía por los cerrojos de las celdas que todas las madrugadas se llevaban un puñado de hombres al matadero. Era consciente de que iba a morir. ¿Qué hacer para impedirlo?. ¡Nada!, no había vuelta atrás. Si no eran las balas, sería el hambre o las enfermedades del presidio. Sabía, que aunque le conmutasen la pena capital, no se libraría de la pena de inferior grado, los 30 años, cinco como mínimo de trabajos forzados en alguna mina del norte, o fortificando los alrededores de Gibraltar. 

Pensativo, taciturno, solo le quedó escribir en aquellas horrendas tarjetas postales patrióticas. Quería despedirse de todo el mundo, ¡quería dejarle claro a su hijito que él había sido un hombre bueno, que no creyese nada de lo que le dejisen!. Él había luchado toda la vida por un mundo más justo, nunca luchó por él, sino por todos por igual. ¡Papel, lápiz, tabaco!. Necesitaba los tres ingredientes para seguir escribiendo, para no escuchar los lamentos de sus compañeros de celda. Sí, quería derribar los muros con su lápiz, ¡aún se sentía fuerte con su pluma!, aprovechaba todos lo rincones de la postal, incluso el sobre estaba garabateado en todas las direcciones posibles. Dibujó a su compañera, a la madre de su hijito. ¡No!, no podía olvidarla, quería recordarla siempre, aunque estuviese entre cuatro muros. A veces se despertaba en la penumbra de la noche, se creía libre, como si todo hubiese sido un mal sueño. ¡No podía ser verdad lo que estaba viviendo!. Aquello era inhumano, injusto, despreciable. No lo quería comprender, no podía racionalizar las matanzas que se llevaban de noche en las tapias del cementerio. No quería creerlo, aquello debía ser una horrenda pesadilla. Finalmente quedó de nuevo dormido.

Su última noche la pasó en vela, hacía frio y estaba hambriento. Sacó la punta de un lápiz, y un trozo de papel de estraza que guardaba como un tesoro en el bolsillo y meditó sus últimas palabras. No quería olvidarse de nadie. A sus 29 años, con una sobriedad pasmosa, delante de un jirón de papel se puso a escribir: 


En capilla, 30 de diciembre de 1940 (Prisión Provincial de Jaén)

Querida esposa e hijito. Os escribo mi última carta ya que al amanecer de este día muero y no os vuelvo a ver más, y quiero Ana, esposa mía, recomendarte que seas buena con nuestro hijo y le cuides y lo eduques con el cariño de una buena madre como tú eres.

Recuérdale a mi hijo el nombre de su padre muchas veces si por azar de la vida llegas a casarte con otro hombre. Sólo te deseo que seas más feliz que has sido conmigo.


Yo, esposa mía te quise hacer feliz, pero las circunstancias de la vida te han hecho una desgraciada. Yo te pido en los últimos momentos de mi vida que me perdones si algún mal te hice en el tiempo que te he conocido.

Tengo y muero con la confianza de que serás buena madre para nuestro hijo.

También te ruego que hagas todo lo que puedas, por mis pobres padres que quedan en el mayor desamparo y viejos. Tened ánimo y vivir vosotros que yo ya nada puedo. Estoy deshecho Ana esposa del alma, muero como los hombres solo, con mi corazón en vosotros, en ti, mi hijo que no ha podido conocer a su padre, en mis padres de mi alma, esos viejos queridos que tanto han trabajado por mi. Pienso en ti Josefa, Juan, Juan Manuel, su esposa, en ti Agustina. Besos a todos. Josefa quiere mucho a mi hijo, es un huérfano... María Encarnación su yerno le desea salud y le manda sus últimos besos. A mi hijo del alma muchos besos muchos. Tú, querida esposa viuda desgraciada recibe los últimos besos de tu esposo que no te olvidó nunca.

Juan
Siendo 30 del 12 de 1940

Última carta de Juan Pérez Zumaquero antes de ser asesinado

A las 7 de la mañana se presentó el páter de la prisión en su celda. Poco antes le habían comunicado la hora de la ejecución. "¡Firme aquí!, donde pone digilencia de notificación", balbuceó el secretario del juzgado. Juan se negó, fue su último acto de rebeldía ante sus asesinos. Tampoco aceptó los últimos sacramentos del cura de la prisión. "¡Habrá mayor hipocresía que confesarte primero, paro luego darte en el paredón la extremaunción!", -pensó-. Se abrió el portillo de su celda. Delante de él había otros compañeros de destino. A las 7,30 de la madrugada, en un camión sin luces, llegaron al cementerio de San Eufrasio. El primer fusilamiento se había realizado a las 7,00 de la mañana. Aún no habían enterrado los cuerpos de los veinte compañeros asesinados, que informes, se amontonaban junto a la fosa. Ahora les toca a ellos, a los veintiún restantes que conforman la cuerda de condenados de aquel macabro amanecer. En ella está Bernardino Casado, Francisco Madero, Benito Moreno y Dionisio Siles, todos vecinos de Porcuna. 

Cuarentaiún inocentes fueron fusilados en las tapias de San Eufrasio (Jaén) aquél fatídico 30 de diciembre de 1940, y sepultados en la fosa 702, la tumba más ominosa de toda la provincia de Jaén.

Descansa en paz Juan.


Fuente:  
- Fotografías y carta de Juan Pérez Montilla, al que agradecemos enormemente su autorización para ser publicadas.

Apartado de correos nº 47-23790. Porcuna (Jaén)


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 El Ejército Popular de la República

miércoles, 4 de julio de 2012

Antonio Arjonilla Toribio, "Lobo Negro"


Por sus hijas, Eli y Sofía Arjonilla Alday

México, 2012
Carnet de las JSU. 1936

Nació en Porcuna, Jaén el 2 de noviembre de 1912. Fue el cuarto hijo y el primer varón de los ocho que tuvieron sus padres, Sofía Toribio Orozco y Manuel Arjonilla Aguilera. Sus hermanos son Dolores, Primitiva, Asunción, Pedro, Juan, Manuel y Antonia. Empezó muy pequeño a trabajar como podador de olivos ayudando a su padre, ya que la familia no tenía tierras y no pudo terminar ni el primer año de escuela. Eso no fue obstáculo para que con el tiempo se volviera un ávido lector con una vasta cultura.

A los 13 años lo encarcelaron por primera vez por motivos políticos y posteriormente luchó en la Guerra Civil Española a favor de la República. Fue militante del Partido Comunista con el cargo de comisario político. Durante la Guerra fue apresado por el enemigo, pero logró huir saltando por una ventana desde un primer piso. Desafortunadamente, su hermano Manuel murió en una trinchera luchando por la República. Por estas razones, su familia es represaliada y humillada al volver a Porcuna, una vez finalizada la contienda; les niegan el trabajo y acaban emigrando a Barcelona. Posteriormente su hermano Juan emigra a trabajar a Francia y se establece en Tours.

1939-10-Argeles
Antonio Arjonilla en el campo de Argeles Sur Mer (Francia)

En 1939, al perderse la Guerra, emigra a Francia en donde lo internan en el campo de concentración de Argeles Sur Mer, custodiado por soldados senegaleses. En 1940 logra embarcar en Francia y va al Puerto de Havre de donde parte para Santo Domingo. Antes de abordar, escucha la peculiar voz de un amigo de Torredonjimeno, Manuel Ureña Arnedo, y lo localiza entre la multitud. Ureña junto con su esposa Cipriana Vergara Aguayo trataban de encontrar lugar en el barco y Arjonilla consigue que viajen juntos. A partir de entonces, nunca se separarían y serán para Antonio como unos padres en el exilio.

Trujillo, el dictador de la República Dominicana, permitió la entrada de los españoles a Santo Domingo “para blanquear la raza” (1), y les dio tierras para trabajar, pero tuvieron varios fracasos productivos debido a su desconocimiento del clima tropical. Antonio vivió ahí 4 años, en una colonia de españoles llamada Pedro Sánchez. Perdió mucho peso y enfermó, y aún con fiebre alta logró pasar sanidad para embarcar en 1944 en una goleta con un grupo de compañeros exiliados rumbo al Puerto de Veracruz en México, país cuyo presidente, Lázaro Cárdenas, les había dado asilo. Después de una travesía demasiado larga, pues se perdieron, al fin llegan a puerto y se trasladan luego a la ciudad de México. Tuvieron que internarlo en el Hospital de Beneficencia Española en donde pasa un mes recuperándose.

Antonio Arjonilla Toribio
Antonio Arjonilla en "Pedro Sánchez" (Santo Domingo)

Una vez que pudo trabajar, Antonio Arjonilla hizo muchos tipos de trabajo en México, tales como vendedor de latas, embutidos, calcetines, hasta que terminó vendiendo plata. Con la ilusión de volver a España en cuanto se pudiera, se casó con Bonifacia Cuenca Morales, una bilbaína recién llegada de la URSS, quien aún adolescente había acompañado a los niños españoles a ese país. Tuvieron una hija, Elia, y tres años después en un segundo parto murieron Bonifacia y el bebé. Tras este duro golpe y por lazos del negocio de la plata, Antonio conoce a Yolanda Alday Ceja, joven mexicana, hija de artesanos plateros. Se casa con ella, quien cría a Elia y tiene 5 hijos más: Sofía, Antonio, Yolanda, Estrella y Manuel. Todos son educados en el Colegio Madrid, fundado por refugiados españoles y que hasta la actualidad sigue sus principios. Es emocionante saber que en el Colegio Madrid se sigue cantando el Himno de Riego, al menos cada 14 de abril. Ahí han estudiado parte de sus nietos y hoy en día dos bisnietas.

En 1956 pide dinero prestado para poder ir a Francia a ver a sus padres, pues un amigo que había entrado a España clandestinamente le avisa que su padre va a morir pronto. Franco le tiene prohibida la entrada a España por lo que tiene que pagar el viaje a su familia extensa para poderse reunir en Tours, donde ya vive su hermano Juan.

Durante gran parte de su vida en México Antonio Arjonilla sigue trabajando políticamente para recobrar la democracia en España. En México se crean diversas casas regionales de España, él se incorpora al Centro Andaluz, donde se realizan fiestas y otras actividades en las que los refugiados donan regalos que van desde talcos hasta lavadoras, según sus posibilidades. Esos artículos se rifaban o vendían para recaudar dinero que se enviaba a España para los presos políticos.

Antonio Arjonilla Toribio
Antonio Arjonilla en la "Joyería Jaén"


Antonio tuvo un pequeño negocio mayorista de plata en un pisito en el centro de México. Pasados unos años, su esposa, Yolanda se une a él como colaboradora, logrando abrir su primer negocio al público, la Joyería Jaén, en 1960.

En 1972 por primera vez puede entrar Antonio en España, gracias a la gestión del Dr. Tena, al cual conoce en su negocio.

Diversas personalidades de izquierda visitan en México a Antonio durante esos años y, al lado de Ignacio Gallegos, él participa acompañado por su mujer en la primera campaña política del Partido Comunista legalizado en España.

Murió en 1997 en la Ciudad de México a los 84 años de edad. Tuvo una vida saludable y feliz y siempre dijo que volvería a hacer lo mismo si volviera a vivir. En 2008 muere su esposa Yolanda. Les sobreviven sus 6 hijos, 11 nietos, 4 bisnietas y en octubre del 2012 nacerá el 5° bisnieto (o bisnieta).

Una pincelada poética:


Al principio de la Guerra Miguel Hernández hace una visita a los podadores de olivos en Porcuna y entrevista a Antonio Arjonilla, misma que sale publicada en un periódico de la época. 


Posteriormente el poeta escribe su poema Andaluces de Jaén:


Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?
…
Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.

Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.



1     Véase la novela de Mario Vargas Llosa La fiesta del Chivo




NOTAS DE TODOS LOS NOMBRES DE PORCUNA:


La semana pasada tuvimos la ocasión de conocer personalmente a Sofía Arjonilla, proveniente de México, y que desde Madrid bajó a nuestra calurosa Andalucía para platicar con nosotros. Sofía es una persona entrañable, sencilla, culta, involucrada con el mundo que nos rodea y comprometida socialmente. Creo recordar que la primera vez que nos pusimos en contacto fue en abril de este año. Nosotros nos sumergíamos por primera vez en otro de los jirones producto de la historia, que por mucho que se haya escrito, es bastante desconocido, el exilio, los apátridas, la lucha antifascista europea, y los intentos de llevar la democracia a España desde el exterior. La breve biografía que aquí nos narra Sofía, es eso, breve, intensa, pero demasiado breve. Antonio Arjonilla fue un hombre coherente con sus ideales, un luchador, un idealista que materializó en vida la praxis. ¡Sencillo fue, y así murió!. Fueron muchas las penalidades que pasó, muchas las batallas perdidas, pero gracias a su homérica odisea logró salvar la vida, sembrar semillas a su paso, mientras otros las segaban. 

En nuestros breves encuentros alrededor de una caña y un tinto de verano, Sofía nos ha narrado más detalles de la vida de su padre y su familia que no quedan reflejados en la biografía, pero que sin duda darán juego para próximas entradas en nuestro blog, pues como decimos, la vida de Antonio Arjonilla dá para un libro o varios. Su paso por la guerra de España como comisario político y de alta graduación militar (sin que sepamos cuál); la retirada del ejército republicano a Francia y el consecuente calvario en los campos de concentración franceses; la emigración como refugiado a Santo Domingo primero, y a México después; así como otras historias que parecen más una novela que la dura realidad. Decir también, de paso, que Antonio Arjonilla fue uno de los precursores del PCE en Porcuna durante la transición, comprando de su bolsillo la sede de éstos en el Llanete Padilla. Antonio tiene mucho más que contarnos y prometemos que así lo haremos. Gracias Eli, gracias Sofía. 

Fotografía: cedida por la familia Arjonilla.



Apartado de correos nº 47-23790. Porcuna (Jaén)


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domingo, 1 de julio de 2012

Las otras víctimas del olvido: los "moros" de Franco

Entrada de las tropas marroquíes por el "muro" (Porcuna) el 1 de enero de 1937.
Una imagen poco conocida. Jinetes marroquíes a su paso por el "Muro", tras la toma de Porcuna el 1º de enero de 1937.

¿Qué pensarían ustedes si les dijésemos que los soldados marroquíes que lucharon con Franco en la guerra de España fueron unas víctimas más del franquismo?. Pues bien, a esto, en parte, es a lo que se dedica la organización marroquí del Centro para la Memoria Común y el Porvenir desde el 2008; es decir, a reivindicar la memoria de miles de hombres que fueron víctimas de la guerra provocada por los golpistas del 18 de julio de 1936. Esta organización en un encuentro celebrado en Rabat en 2008 llegaba a una conclusión verdaderamente espeluznante: cerca de 36.000 marroquíes, entre ellos 9.000 niños, desaparecieron durante la contienda y los años posteriores.

Se calcula, aunque los historiadores no se ponen de acuerdo, que unos 70.000 soldados "moros" participaron en la contienda española inscritos dentro del Tercio de Regulares Indígenas, las "mehalas" jalifianas o los Tiradores de Ifni. De todos es sabido, que estos soldados formaron la vanguardia del ejército fascista, y que fueron la punta de lanza en las batallas más sangrientas de la guerra. Abdelsalam Buteyeb, presidente de la organización Centro para la Memoria Común y el Porvenir, nos dice que la mayoría de estos combatientes, en contraste con el libro de María Rosa de Madariaga, "Los moros que trajo Franco. La intervención de las tropas coloniales en la guerra civil" (RBA, 2002), fueron forzados u obligados a alistarse en el ejército de Franco. Miles de niños marroquíes de 9 a 12 años fueron secuestrados para formas las levas coloniales del ejército español. El temor a estas tropas, por su feracidad, crueldad y rapacidad, sembraron el pánico en la vanguardia y retaguardia republicana. Entre el mito y la realidad, estos hombres han sido despreciados y olvidados por la historiografía de los vencedores y de los vencidos. Limpiar el estereotipo arraigado en el imaginario popular español, es uno de los principales objetivos de esta organización para la memoria, que pretende desmitificar la Historia, reparar en la medida de los posible a las víctimas y sus familiares y de paso restablecer el hecho histórico, hablar de responsabilidades e instar al gobierno español (primero zapaterista, ahora rajoísta) a investigar el paradero de los miles de marroquíes que se encuentran en las fosas comunes de los distintos campos de batalla, y que el franquismo olvidó de manera consciente.

"Y es que la mayoría de los soldados marroquíes  fueron sencillamente víctimas del hambre, de la pobreza y de la colonización, a los que se les pagó un sueldo ridículo y de miseria por colocarse en primera línea de la guerra. Son los padres o los abuelos de los que hoy vienen en pateras a España", nos dice de manera vehemente Boughaleb El Attar, periodista e investigador hispanista.

Sirvan pues estas líneas para la reflexión alrededor del concepto de víctima, para dejar claro, cristalino y meridiano, que las consecuencias de la guerra de España, son responsabilidad única y exclusivamente de los golpistas. A los mitos creados por el franquismo, al silencio sembrado y al olvido al que han sido relegados los vencidos, pero también los parias del ejército invasor y otras víctimas, solo se les puede responder con la Historia, pues ante Dios no sabemos si habrá respondido el caudillo.





lunes, 25 de junio de 2012

Rafael Higuera Reina, torturado y fusilado

La Sra. de Casares Quiroga en un Hospital de Sangre del frente Madrid. Estampa, 23.08.1936




El 13 de marzo de 1940, a las 7,00 de la mañana, cuando la ciudad de Jaén comenzaba a desperezarse, caía el cuerpo sin vida de Rafael Higuera Reina  tras una fuerte descarga cerrada de fusilería. No fue el único en ser asesinado en ese triste amanecer. Once jiennenses más, un industrial, un alpargatero, un albañil, un perito, dos agricultores, un campesino, un comerciante, un sastre, un maestro de taller y un corredor de aceites, cayeron maniatados cerca de la fosa 702 del cementerio de San Eufrasio, lugar donde yacen la mayoría de nuestros seres queridos masacrados por el fascismo más genocida que haya conocido España. Pocos días antes, un seis de febrero de aquel año, en las mismas tapias, con los mismos verdugos, fueron sacrificados en la pira de la barbarie y el irracionalismo más salvaje otros 16 porcunenses. ¡Cotidianidad!, el asesinato era una actitud cotidiana, diaria, sin retorno. A los pocos días, un 16 de marzo de 1940, la engrasada guadaña del matarife franquista volvía a actuar en el mismo lugar, asesinando a sangre fría a 14 personas, la mayoría oriundos de Torredonjimeno. En poco más de tres días, y casi un año después de haber finalizado la guerra, habían sido ajusticiados sin justicia alguna cerca de 30 personas en el cementerio de Jaén. ¡Sirvan como botón de muestra estos crímenes de lesa humanidad!. La victoria franquista, pese a los voceros neofascistas y demás revisionistas indocumentados, no trajo ni la paz, ni el alimento universal, ni la eliminación de la luchas de clases, y mucho menos el orden y el fin de la violencia. El argumento contrarrevolucionario con el que se justificó el golpe de estado en el verano de 1936, fue una argucia más para imponer la voluntad de un grupo privilegiado sobre la masa informe ciudadana. La militarada justificó su cuartelada en defensa del orden, contra el caos violento reinante y en defensa (que vendría después) de la fe católica. ¡El orden frente al caos, el comunismo, la masonería y la anti España!. Así, los defensores de la fe, los nuevos cruzados, siguieron y siguieron matando, provocando un caos y una violencia sin igual en la historia reciente de nuestro país. Con la victoria no llegó el orden y la paz, llegó más violencia, asesinatos, cárceles, hambre, epidemias, y el miedo, mucho miedo.

Pero volvamos a nuestro protagonista de hoy. Rafael Higuera Reina era uno de esos jóvenes de los años treinta que aprovecharon su estancia obligatoria en la milicia para reengancharse en ella, y así evitarle, de paso,  a su depauperada familia tener que alimentar otra boca más. No fue el único. Muchos jóvenes como él, al igual que hoy en día, se enrolaron en el ejército para conseguir un futuro mejor y escapar de paso de la miseria a la que son condenadas las familias de la prole. Rafael había nacido en Priego de Córdoba en 1914. Era uno de tantos que como jornalero deambulaban de un lugar a otro en busca de un jornal que le consolara el estómago. Se afincó en Porcuna, en la calle Velarde nº 5, casándose con Manuela, oriunda de estos lares, sin que dejasen descendencia.

Rafael Higuera Reina tenía 22 años cuando estalló la guerra. Se encontraba en Porcuna de permiso, sirviendo en el Regimiento nº1 de Wad-Ras, con destino en Madrid. A él se incorporó, desde la estación de Villa del Rio, el 2 de agosto de 1936, siendo asignado al 2º Batallón que comandaba Rafael Trigueros Sánchez-Rojas. En ese mes de agosto salieron en tren para Oropesa (Toledo), y de allí hasta Mesas de Ibor (Cáceres), para pasar más tarde al frente del Puente de Almaraz (Castañar de Ibor), donde estuvieron siete u ocho días restableciendo el orden quebrantado por los golpistas. Posteriormente volvería a El Escorial, con la mala fortuna de contraer una indigestión por el mal estado de la comida que afectó a todo el batallón, siendo detenidos, según él, todos los cocineros. Recuperados, salieron a los pocas jornadas para el frente de Peguerinos (Madrid), plaza que había sido ocupada por tropas marroquíes del ejército de África. Pocos días después, todavía en agosto, la población fue reconquistada para la República por las tropas que dirigía el legendario Modesto (Juan Modesto Guilloto León). En estos compases bélicos, Rafael Higuera fue herido en el pómulo izquierdo,  concediéndole  un permiso de “convaleciente” (sic) que disfrutó en Porcuna, siendo visitado en este tiempo por el médico local José Vázquez. Nos cuenta en su sumario que habló con Manuel Osuna, y le dijo que en El Escorial habían detenido a varios cocineros por una intoxicación. Recuperado de sus heridas, pocos días antes de ser “liberada” Porcuna por las tropas franquistas, regresó a su regimiento, siendo destinado al Batallón 857, de la 215 Brigada Mixta, del XX Cuerpo de Ejército Republicano, donde sirvió en los frentes de Teruel y Levante hasta el final de la guerra.

En Levante presumiblemente fue hecho prisionero tras la caída de los frentes de guerra. De allí,con toda probabilidad, fuese ingresado en un campo de concentración, hasta que fue clasificado y enviado a su localidad de acogida. A Porcuna llegó el 1º de junio de 1939, siendo el primero en recibirle el sargento de la Guardia Civil, el célebre Juan Rodríguez Rodríguez, que para nada le debió gustar que un militar profesional se mantuviese fiel a la República. Éste, aunque no firma el atestado de la detención, pero sí otros partes y documentos ese mismo día, consiguió de Rafael Higuera una confesión única y a la vez inaudita, es decir, de su puño y letra logró que firmase su autoinculpación en la comisión de cincuenta fusilamientos que supuestamente se realizaron en San Lorenzo de El Escorial en el año 1936. Además, como no eran pocos los crímenes, llegó a confesar también que había sido el jefe del pelotón de fusilamiento de otra persona más. Total: 51 asesinatos, que curiosamente coincide con los 51 agustinos fusilados en Paracuellos del Jarama por las milicias obreras. En El Escorial,según las fuentes consultadas por nosotros, no se produjo ningún asesinato por parte republicana; sí detenciones entre la comunidad religiosa, como veíamos anteriormente. Ni que decir tiene, que los supuestos crímenes cometidos por nuestro prieguense los consiguió el sargento de la Guardia Civil bajo coacción y tortura, tónica ésta última bastante común como hemos tenido ocasión de comprobar en varias entrevistas a descendientes de represaliados.


Iglesia de Jesús, antigua cárcel de posguerra
Iglesia de Jesús (Porcuna), convertida en cárcel habilitada durante la posguerra.

En el procedimiento sumarial abierto a nuestro vecino por el Juzgado Militar nº 25 de Porcuna, el mismo 20 de junio, fecha de su detención, en ningún momento consta documento alguno o relación nominal de los supuestos asesinatos cometidos en San Lorenzo de El Escorial. Tampoco aparecen los informes preceptivos de las autoridades militares, civiles y religiosas madrileñas; y menos aún declaración de testigo alguno. En suma, ningún indicio, salvo su propia autoinculpación, demostró que en el santo lugar se cometiera asesinato alguno. De hecho, en el primer informe rubricado por el alcalde de la época el 26 de junio, se dice que Rafael Higuera Reina “es desconocido en la ciudad”. Por el contrario, jornadas más tarde el Jefe Local de Falange y varios testigos ratifican los hechos contados por la Guardia Civil, sin entrar en otros detalles. Rafael fue de nuevo interrogado por el juez militar, narrandole a éste lo evidente, que él nunca participó en asesinato alguno, y que si firmó su autoinculpación fue por las coacciones y golpes propinados por la Guardia Civil en las caballerizas del cuartel. Sus testigos de descargo, el  médico José Vázquez Alonso, dice que lo “atendió clínicamente, pero que no puede opinar sobre su conducta político-social” y a Manuel Baudet López,  no se le tomó declaración, ni nadie se preocupó por buscarlo.

Sin justicia, sin ninguna garantía procesal, vejado y torturado en el cuartel de la Guardia Civil y en la Iglesia de Jesús, el soldado Rafael Higuera Reina, se personó ante tribunal militar constituido en la plaza de Porcuna un 24 de agosto de 1939. Cincuenta porcunenses, hombres y mujeres, como si del juicio final se tratase, fueron condenados aquel día en Porcuna. Presidía la pantomima judicial Antonio Escobedo Góngora, que solicitó para el procesado la pena de MUERTE por un delito de rebelión militar con agravantes y las responsabilidades políticas que correspondiesen. El 16 de octubre de 1939, el auditor de guerra en Sevilla aprobaría la sentencia.


Francisco Bohórquez Vecina, auditor de guerra en Andalucía durante la guerra y la posguerra
Francisco Bohórquez, el auditor de guerra al servicio de Queipo de Llano.

El 13 de marzo de 1940, ya en la prisión provincial de Jaén, le notificaron la sentencia a nuestro desdichado joven. Éste se negó a firmarla, como si con ello pudiese aún evitar la pena capital. Entró en Capilla a las 6,30 de la mañana para recibir los “auxilios espirituales” del cura de la prisión, el mismo que lo acompañaría a las tapias del cementerio para darle la extremaunción y confirmar su defunción.

A Manuela, su esposa, se la vio deambular por las calles de Porcuna con lágrimas en los ojos, peinaba moño atado y vestía de luto. Aunque era joven, muy joven, parecía una anciana de setenta años, los mismos que le habían arrebatado a su asesinado esposo. 


S.T.T.L

FUENTE:

- Sumario 2.851, legajo 83/3.323 Guerra Civil de Rafael Higuera Reina. Archivo del Tribunal Militar Togado Territorial Segundo de Sevilla. Consultado en junio de 2012.




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