LEER: Desde los que hacemos posible Todos los Nombres de Porcuna, quisiéramos pedir disculpas a todas aquellas personas que se han puesto en contacto con nosotros a través de e-mail o facebook solicitando información sobre sus familiares, y que a día de hoy no les hemos contestado. Creo que son unas 25 peticiones las que tenemos sin atender, pero es que los medios de los que disponemos son escasos y el trabajo se nos acumula.

Gracias por vuestra paciencia, y esperemos contestar a vuestras peticiones lo antes posible.


- El monumento a la intolerancia y al fascismo se renueva en Porcuna (Jaén)
- El monumento a los "Caídos" sufre una gamberrada.
- Por la retirada de nombres y símbolos franquistas de Porcuna.
- Calles relacionadas con el franquismo y su exaltación en Porcuna
- La peculiar memoria histórica en Porcuna.
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jueves, 6 de junio de 2013

Alfredo Caro Barrera, combatiente en Teruel.

Soldados republicanos atienden a los heridos "facciosos" en el frente de Teruel. Fuente: todocoleccion.com

Alfredo Caro Barrera, fue natural de Porcuna (Jaén), nacido en 1911 hijo de Manuel y Encarnación, jornalero, casado con Misericordia Hueso Palomo, sabe leer y escribir y tuvo su domicilio en Calle Comedero nº 10. Antes del golpe de estado de 1936 había pertenecido a la UGT, sin militar en partido alguno.


A finales de 1936 abandonó Porcuna por miedo a las fuerzas rebeldes que se aproximaban a la localidad, ingresando voluntariamente en la llamada “Columna Cartón” el 15 de marzo de 1937, combatiendo principalmente en Teruel. Allí fue detenido el 28 de marzo de 1939, donde se encontraba sirviendo con el grado de sargento, pasando luego a las cárceles y campos de concentración de León, Avilés y Gijón, donde se encontraba en noviembre de 1940. En el sumario constan importantes firmas de falangistas porcuneros que avalaron con ella la “buena conducta” del inculpado; al igual que informes desfavorables de la Guardia Civil, o la Alcaldía. Amén de estas misivas, consta otra de su esposa, Misericordia Hueso Palomo, que de manera desgarrada pide clemencia para su marido, sin entender muy bien porqué se encontraba detenido. En julio de 1941 su procedimiento sumarial pasa a la autoridad militar de la 2ª Región Militar, siendo encerrado en la cárcel de Jaén el 25 de agosto de ese mismo año.


El auditor de guerra, el 31 de mayo de 1943, dictó el sobreseimiento del procedimiento sumarial al no haberse probado que tomase parte “en hechos delictivos”. Salió de la cárcel de Jaén el 31 de octubre de 1941 en virtud del mandamiento del Presidente de la Comisión Provincial de Clasificación y Excarcelamientos.

Se instaló en Porcuna, en la calle Mesón.


FUENTES:


- Procedimiento sumarísimo y de urgencia 1.076, legajo 780 nº 22.747 contra Alfredo Caro Barrera. Archivo Histórico Tribunal Militar Togado 2º de Sevilla.
- Procedimiento sumarísimo y de urgencia 403, legajo 513 nº 17.807 contra Alfredo Caro Barrera. Archivo Histórico Tribunal Militar Togado 2º de Sevilla.


DIRECCIÓN POSTAL PROYECTO TODOS LOS NOMBRES DE PORCUNA



nombresporcuna@gmail.com


Apartado de correos nº 47-23790. Porcuna (Jaén)



Regala un libro para escribir otro.

viernes, 4 de enero de 2013

De la desmemoria a la novela histórica: el ejemplo de Carteia.

Vista de Gibraltar
Hay quien dice que la Historia la hacen los historiadores; y hay quien opina, con razón, que también son ellos los que desvirtúan los hechos, los sesgan y manipulan a su antojo con fines propios del filibusterismo. Los hay también aficionados, con título; y los hay profesionales, sin título, inspirados, sin duda, por la musa Clío, y la tutela lejana de Heródoto.

1. Portada del folleto "Enclave arqueológico de Carteia"

Pues bien, hoy (por ayer) leyendo El País digital, en la sección "Andalucía" del 29 de diciembre de 2012, me encuentro con la siguiente noticia: "Un búnker para repasar la guerra. Carteia pretende convertir en museo uno de sus sistemas defensivos más recientes". Y es que la antigua ciudad romana de Carteia (San Roque, Cádiz), alberga en sus límites un par de "búnkeres" y un nido de ametralladoras, que según el director del "Enclave arqueológico", autotitulado "Conservador restaurador de Bienes Culturales" (desconocemos ese cuerpo superior facultativo dentro de la RPT de la Junta de Andalucía), nos viene a decir tanto en su blog, como en los folletos y notas de prensa que reparte en nombre de la Consejería de Cultura y Deporte, que "durante la II Guerra Mundial (1939-1944), y en el marco del Plan de Defensa del Campo de Gibraltar (sic), se construyeron desde el río Guadiaro hasta Conil cerca de 500 obras de fortificación militar. Se pretendía, -según sus carteles divulgativos- asegurar la zona del istmo de la Línea de la Concepción, así como sus flancos y el Estrecho, para garantizar la integridad del territorio español frente a un hipotético ataque aliado desde Gibraltar" (sic).

A. Panel explicativo.
En todas, y digo bien, en todas las notas, folletos, y demás cartelería divulgativa de la Consejería de Cultura y Deporte, a través del responsable del "Enclave", se nos narra la superficialidad de la "historia", la materialidad de los elementos que componían los "búnkeres", adornados próximamente con 15 muñecos (soldados), una ametralladora y varios cañones anticarro, que según ellos (sin citar fuentes) servirían para la defensa de una hipotética invasión desde el peñasco inglés de Gibraltar. Y es que la Historia, salvando las distancias, y con todos los respetos, es tratada aquí como una meretriz, como un reduccionismo funcional y militarista. Si los redactores de estas "novelas caballerescas" hubiesen rasgado con la uña la superficie de la Historia, ésta, siempre generosa, dejaría al descubierto las ubres del maná; y empezaríamos a narrarles una Historia diferente, social, pegándole todas las patadas posibles a la pirámide historicista, al positivismo nauseabundo y mezquino, haciendo historia, en suma, de abajo hacia arriba, desde lo anónimo (con nombre) hasta la cúspide corrupta.

¿Qué pueden pensar, sentir o admirar los turistas que visiten estas fortificaciones franquistas de Carteia?. Sencillo: lo que tú le cuentes en los costosos paneles divulgativos. Y hasta ahora, salvo que su autor (¿desconocido?) me demuestre lo contrario, la historia que nos cuentan es que después de la guerra civil, Franco, un señor que gobernaba España, construyó (supongo que con sus manos) todo un entramado defensivo de fortificaciones para defendernos de una previsible invasión "aliada" de ingleses desde la colonia gibraltareña; lo que sin duda es de agradecer por todo el pueblo español, pues así hemos tenido cuarenta años de paz. 

Supongo que cuando el director del "Enclave" narre la construcción y los modos de producción de la ciudad romana de Carteia, dirá que fue un conjunto de gremios y señores autónomos, cotizantes, sin duda alguna a la seguridad social, los que hiceron posible el milagro de la romanización y que todo, por reduccionismo, fue efecto del sincretismo, la paz, y el amor al prójimo. Lástima que se hable del arquitecto, en vez de sus maestros y albañiles. Y es que el imperio romano, y salvando las distancias, se fundamentó en el modo de producción esclavista; al igual que el franquismo, se valió de los derrotados, de la República vencida y de sus jóvenes, como esclavos romanos, para construir todo un entramado ofensivo militar, con un único objetivo: conquistar Gibraltar, para dar así rienda suelta a un megalómano con aires de grandeza de "caudillo lusitano", y que no le importó subyugar a todo un pueblo para conseguir sus fines.

B. Observatorio artillero, según el facebook del "Enclave Arqueológico de Carteia"

Estas últimas aseveraciones no son mías, sino de un joven historiador de la zona, que ha investigado minuciosamente la represión franquista en el sur de España, y en concreto, los batallones disciplinarios y de trabajadores, esclavizados por el régimen fascista triunfante de la guerra civil. En primer lugar, José Manuel Algarbani, en distintos artículos, nos dice que el "Plan de fortificaciones de la orilla norte del estrecho", en el contexto de la II Guerra Mundial, siendo España "aliada" del Tercer Reich, no es con carácter defensivo, como afirman los folletos de Cultura, sino ofensivo, como parte del plan diseñado por el Estado Mayor de Franco para atacar la base británica de Gibraltar y cerrar el Estrecho al tráfico marítimo. En segundo lugar, al margen de la materialidad de las construcciones (búnker, hospitales, reflectores, asentamientos de artillería, aeródromos, caminos militares, ...), José Manuel Algarbani destaca la importancia y la intrahistoria de la mano de obra esclava utilizada en condiciones infrahumanas por el régimen franquista. El autor estima que durante los años 1939 a 1945 trabajaron unos 15.000 prisioneros republicanos en la zona del Campo de Gibraltar.

En honor a estos hombres, donde hubo muchísimos giennenses y porcunenses, el Ateneo Republicano del Campo de Gibraltar, en colaboración con el Foro por la Memoria, y el asesoramiento de José Manuel Algarbani, han hecho posible la exposición y el catálogo "Los caminos de los prisioneros. La represión de posguerra en el sur de España" (2009), donde se nos da a conocer no solo el entramado constructivo militar; sino la significación histórica del momento y las vicisitudes humillantes y esclavistas por las que pasó el ejército republicano vencido.

Así pués, para finalizar, no estaría mal que en los materiales divulgativos de la Consejería de Cultura y Deporte de la ciudad romana de Carteia, apareciesen algunas referencias a quiénes construyeron estos elementos militares y las condiciones infrahumanas que soportaron. Narrar la historia no es hacer novela histórica, sino contar la verdad, sacar a la luz a sus protagonistas, que no son otros que los miles de hombres y mujeres anónimos que dejaron huella.

FUENTE:

- Imagen 1: Consejería de Cultura y Deporte, Instituciones Culturales, consultado on line el 2 de enero de 2013.
- Imagen A: "Carteia, patrimonio y arqueología", blog dirigido por el actual director del "Enclave arqueológico de Carteia", Manuel Jaén.
- Imagen B: Tomada del facebooh del "Enclave Arqueológico de Carteia" (2.01.2013).
- Algarbani Rodríguez, José Manuel (2008): «Los búnkers del estrecho y los prisioneros republicanos». Almoraima (36). pp. 451-460 del pdf.
- Algarbani Rodríguez, José Manuel (2009):  "Catálogo de la exposición itinerante "Los caminos de los prisioneros. La represión de posguerra en el sur de España"". Organiza: Ateneo Republicano del Campo de Gibraltar.

miércoles, 8 de agosto de 2012

La prostitución en la Porcuna de posguerra

Presas en Calzada de Oropesa. Prisión para "mujeres descarriadas". Foto: Martín Santos Yubero






























La magnitud de la represión franquista en este país es a todas luces todavía una incógnita. Las fórmulas represivas fueron tantas, que aún hoy, no solo necesitamos voluntad y voluntariado por parte de la sociedad civil, sino la implicación tácita y comprometida de las escuelas, las universidades, los investigadores y las instituciones. En nuestro deambular por archivos, hemerotecas, fototecas y memoria oral, hemos encontrado demasiados tipos de represión, demasiadas venganzas, odios, fobias y marginaciones. Eliminar físicamente a los "mendigos" (así consta en los apartados de "profesión" de sus partidas de defunción vs asesinato), aquellos otrora "pobres de solemnidad"; reprimir brutalmente la homosexualidad o abocar a las jóvenes de posguerra a la prostitución, en contra de la filosofía nacional-católica del régimen; fueron, cómo no, otras "formas refinadas" de represión para evitar cualquier relajación en los vencidos.

Mirta Núñez, en su obra "Mujeres caídas" (2003:24) afirma que "al incremento de la prostitución que acompaña a todo conflicto armado, se sumió la miseria generada por una posguerra orquestada para la humillación de los vencidos, encarcelados, desterrados u obligadas sus familias a buscarse la supervivencia en los márgenes de la sociedad". Así, otro especialista en la materia, Rafael Torres, en su libro "La vida amorosa en los tiempos de Franco" (1996:119),  calcula que en 1940, un año después de concluida la guerra, ejercían en España la profesión unas 200.000 prostitutas, cifra que comprendía tanto a las pupilas de los burdeles como a las autónomas. En suma, parece que el aumento de la prostitución, sobre todo de la clandestina, está vinculada íntimamente a los efectos de la guerra, la pobreza, la marginación y como no, a la represión política y social del nuevo Estado. ¡La doble moral!, en definitiva, es decir, por un lado la Iglesia predicaba una sexualidad limpia y, por otro, se permitía la libertad sexual para los hombres a costa de mujeres "descarriladas socialmente". Ahora bien, ¿quiénes eran los hombres que se beneficiaban de esa doble moral?. Evidentemente los vencedores, autoridades, militares, falangistas y terratenientes.

Porcuna no escapa en la posguerra a esta nuevo sometimiento de los vencedores contra los vencidos. Si bien es cierto que falta algún estudio monográfico sobre la "marginalidad social" a nivel local, no es menos cierto que los datos y documentos son escasos, y se refieren antes y después de la guerra de manera tangencial a la problemática de la prostitución. Las actas capitulares consultas por nosotros a partir de los años veinte del pasado siglo, solo proporcionan un dato en relación a la salubridad de la prostitución en Porcuna. El dato, significativo sin duda, es de 1932, cuando la Alcaldía socialista insta a habilitar una habitación en el Hospital de San Benito "para efectuar el reconocimiento sanitario" de las mismas. A partir de aquí, en toda la documentación consultada (y es mucha) cualquier referencia a servicios sexuales es una incógnita, aunque la memoria oral, en parte, suple el déficit de fuentes.

'Circus Christi'

En Porcuna sabemos que durante la posguerra existieron cuando menos tres prostíbulos "legales" y uno autónomo o clandestino. El más conocido quizás sea el llamado ingeniosamente "El Talento", ubicado en las Puertas de Córdoba, donde hoy se encuentra el café-bar de "El Parral". En 1940 tenía como mínimo dos prostitutas y una meretriz, "tuteladas" por el chulo de turno; que a su vez también regentaba "La Peinaora" (?), que parece que estuvo instalado en la Cruz Blanca, donde hoy se encuentra la "Casería de Lucio". El otro prostíbulo conocido, también en uno de los ejes de entrada al municipio, se encontraba al final de calle Padre Lara, cerca de la cantera de los Valenzuela, en lo que otrora fuese casa de Librada "La Pantalona", conocido como "La Levaura", hoy desaparecida. Ilegalmente, al margen de la doble moral franquista, existió como mínimo otro prostíbulo autónomo, que se situó, parece ser, en la calle Trafalgar. ¿Existió alguno más?: ¡seguro!

Pues bien, con esto sólo pretendemos hacer una pequeña introducción a lo que deberá ser (asi lo esperamos) un capítulo u apartado en el libro que estamos preparando sobre la represión franquista en Porcuna. Por ello, pedimos, rogamos, ante la falta de documentación escrita, que aquellos que tengan memoria nos cuenten, nos narren o nos orienten en una de las más oscuras, pero reales consecuencias de la posguerra española. Quien dispongan de algún dato, información, nombre o cualquier otro indicio (por disparatado que pudiera parecer), que no dude en compartirlo por alguno de los medios de contacto de los que aparecen abajo. Gracias como siempre a tod@s por vuestra colaboración.

Bibliografía:

- NÚÑEZ, MIRTA (2003): Mujeres caídas. Prostitutas legales y clandestinas en el franquismo. Madrid. OBERON. Grupo Anaya.
- TORRES, RAFAEL (1996): La vida amorosa en los tiempos de Franco. Madrid, Temas de Hoy. 
- Fotografía de Martín Santos Yubero. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid. 
- Fotografía de "Circus Christi". El Público, 16.02.2010

lunes, 9 de julio de 2012

Cartas desde la cárcel: "En capilla". 3ª entrega.

Juan Pérez Zumaquero rodeado de compañeros de armas
Juan Pérez Zumaquero (primero por la derecha) junto a otros compeñeros de armas


 A Juan Pérez Montilla, hijo de Juan Pérez Zumaquero, asesinado,  
por su lucha infatigable contra la desmemoria.

"Estoy deshecho Ana esposa del alma, muero como los hombres solo, con mi corazón en vosotros, en ti, mi hijo que no ha podido conocer a su padre, en mis padres de mi alma, esos viejos queridos que tanto han trabajado por mí".

A Juan Pérez Zumaquero lo detuvieron en Valencia junto a su gran amigo, Rogelio Gómez Díaz, "Cómpeta", un 9 de abril de 1939. Los dos habían desistido ya de abandonar España por Francia, los dos sabían que su futuro era incierto. Los dos fueron detenidos por un agente afecto a la Comisaría del Cuarto Sector de la Columna de Orden y Policía de Valencia. Los dos sabían quién los detenía, lo conocían bien, demasiado bien. De hecho había sido compañero suyo en las juventudes socialistas, pero la guerra, salvar el cuello y hacer méritos en el nuevo régimen, impulsó al agente, paisano suyo, de Porcuna, a detenerlos. Él sabía quiénes eran, dos "piezas" de masiado golosas para dejarlas escapar en algún barco o camino de Francia. Juan había sido secretario de la Agrupación Socialista de Porcuna; presidente de las Juventudes Socialistas y articulista en el diario provincial socialista "Democracia". Desde allí hostigó, con su pluma, el régimen caciquil, la subyugación en la que vivía la clase obrare porcunense. Rogelio, comisario político durante la contienda, había ostentado las responsabilidades más altas dentro de Izquierda Republicana, perteneciendo al Comité Local del Frente Popular, siendo el encargado directo del abastecimiento a la población civil después del golpe de estado. Los dos serían trasladados a la prisión provincial de Jaén, los dos serían juzgados, aunque el destino fue distinto para cada uno. A ninguno de los dos se les aplicó el "habeas corpus". Juan Pérez fue juzgado el 17 de abril de 1940 en Jaén, en un juicio a todas luces ilegal. Fue condenado a la última pena por un delito de adhesión a la rebelión militar. ¡Qué hipocresía ¿no?!. Los verdugos se alzan en armas contra el gobierno legítimo de la República, y los defensores de ésta son juzgados por rebelión militar. El 11 de octubre de 1940, "el Jefe del Estado se da por enterado" (sic) de la pena impuesta dando su visto bueno, ratificándolo el Auditor de Guerra en Córdoba. ¡La suerte estaba echada!, ¡el reloj comenzó la cuenta atrás!. ¡No habría clemencia, ni Juan Pérez la solicitó!. Sabía perfectamente porqué moría, conocía a sus asesinos, aquellos a los que había combatido desde siempre, primero con la pluma y después con la espada que ellos le arrojaron en las manos cuando se alzaron en armas. Moriría como un hombre libre, mirando fíjamente a su pelotón de fusileros. No se arrepentía de nada, salvo de dejar viuda y un hijo que había nacido pocos meses antes. Sabía que dejaba a su familia cuando más necesitaban de su ayuda, de sus brazos, de su mísero jornal, si es que conseguía alguno. ¡Habían perdido la guerra!, todo volvería a ser como antes de la República fenecida; pero a él además le quitaban también la vida, lo alejaban de los suyos. ¡Lo sabía!.
Dibujo de su esposa Ana
A Juan Pérez le comunicaron la sentencia de muerte ese mismo 11 de octubre de 1940. Pasó al pabellón de los condenados a la última pena en la prisión provincial de Jaén. Aislado del resto de los reclusos comenzó a compartir los últimos días de su vida con sus compañeros de destino, aquellos que lo acompañarían hasta el cementerio de San Eufrasio. Encerrado entre cuatro paredes, Juan solo pensaba en su hijo, en su pequeño retoño al que solo había abrazado una vez. Pensaba en su esposa, Ana, en sus pobres padres y en el resto de su familia, que tanto habían hecho por aquella pareja que se casó en Torredonjimeno en el año 1937. A Juan le quedaban pocos días, pocas horas de vida. Lo sabía, era consciente. Se preguntaba una y otra vez qué había hecho para estar en esa situación. Lo sabía. Sabía que habían perdido la guerra; que su crimen sería político, por ideas. Sabía por los cerrojos de las celdas que todas las madrugadas se llevaban un puñado de hombres al matadero. Era consciente de que iba a morir. ¿Qué hacer para impedirlo?. ¡Nada!, no había vuelta atrás. Si no eran las balas, sería el hambre o las enfermedades del presidio. Sabía, que aunque le conmutasen la pena capital, no se libraría de la pena de inferior grado, los 30 años, cinco como mínimo de trabajos forzados en alguna mina del norte, o fortificando los alrededores de Gibraltar. 

Pensativo, taciturno, solo le quedó escribir en aquellas horrendas tarjetas postales patrióticas. Quería despedirse de todo el mundo, ¡quería dejarle claro a su hijito que él había sido un hombre bueno, que no creyese nada de lo que le dejisen!. Él había luchado toda la vida por un mundo más justo, nunca luchó por él, sino por todos por igual. ¡Papel, lápiz, tabaco!. Necesitaba los tres ingredientes para seguir escribiendo, para no escuchar los lamentos de sus compañeros de celda. Sí, quería derribar los muros con su lápiz, ¡aún se sentía fuerte con su pluma!, aprovechaba todos lo rincones de la postal, incluso el sobre estaba garabateado en todas las direcciones posibles. Dibujó a su compañera, a la madre de su hijito. ¡No!, no podía olvidarla, quería recordarla siempre, aunque estuviese entre cuatro muros. A veces se despertaba en la penumbra de la noche, se creía libre, como si todo hubiese sido un mal sueño. ¡No podía ser verdad lo que estaba viviendo!. Aquello era inhumano, injusto, despreciable. No lo quería comprender, no podía racionalizar las matanzas que se llevaban de noche en las tapias del cementerio. No quería creerlo, aquello debía ser una horrenda pesadilla. Finalmente quedó de nuevo dormido.

Su última noche la pasó en vela, hacía frio y estaba hambriento. Sacó la punta de un lápiz, y un trozo de papel de estraza que guardaba como un tesoro en el bolsillo y meditó sus últimas palabras. No quería olvidarse de nadie. A sus 29 años, con una sobriedad pasmosa, delante de un jirón de papel se puso a escribir: 


En capilla, 30 de diciembre de 1940 (Prisión Provincial de Jaén)

Querida esposa e hijito. Os escribo mi última carta ya que al amanecer de este día muero y no os vuelvo a ver más, y quiero Ana, esposa mía, recomendarte que seas buena con nuestro hijo y le cuides y lo eduques con el cariño de una buena madre como tú eres.

Recuérdale a mi hijo el nombre de su padre muchas veces si por azar de la vida llegas a casarte con otro hombre. Sólo te deseo que seas más feliz que has sido conmigo.


Yo, esposa mía te quise hacer feliz, pero las circunstancias de la vida te han hecho una desgraciada. Yo te pido en los últimos momentos de mi vida que me perdones si algún mal te hice en el tiempo que te he conocido.

Tengo y muero con la confianza de que serás buena madre para nuestro hijo.

También te ruego que hagas todo lo que puedas, por mis pobres padres que quedan en el mayor desamparo y viejos. Tened ánimo y vivir vosotros que yo ya nada puedo. Estoy deshecho Ana esposa del alma, muero como los hombres solo, con mi corazón en vosotros, en ti, mi hijo que no ha podido conocer a su padre, en mis padres de mi alma, esos viejos queridos que tanto han trabajado por mi. Pienso en ti Josefa, Juan, Juan Manuel, su esposa, en ti Agustina. Besos a todos. Josefa quiere mucho a mi hijo, es un huérfano... María Encarnación su yerno le desea salud y le manda sus últimos besos. A mi hijo del alma muchos besos muchos. Tú, querida esposa viuda desgraciada recibe los últimos besos de tu esposo que no te olvidó nunca.

Juan
Siendo 30 del 12 de 1940

Última carta de Juan Pérez Zumaquero antes de ser asesinado

A las 7 de la mañana se presentó el páter de la prisión en su celda. Poco antes le habían comunicado la hora de la ejecución. "¡Firme aquí!, donde pone digilencia de notificación", balbuceó el secretario del juzgado. Juan se negó, fue su último acto de rebeldía ante sus asesinos. Tampoco aceptó los últimos sacramentos del cura de la prisión. "¡Habrá mayor hipocresía que confesarte primero, paro luego darte en el paredón la extremaunción!", -pensó-. Se abrió el portillo de su celda. Delante de él había otros compañeros de destino. A las 7,30 de la madrugada, en un camión sin luces, llegaron al cementerio de San Eufrasio. El primer fusilamiento se había realizado a las 7,00 de la mañana. Aún no habían enterrado los cuerpos de los veinte compañeros asesinados, que informes, se amontonaban junto a la fosa. Ahora les toca a ellos, a los veintiún restantes que conforman la cuerda de condenados de aquel macabro amanecer. En ella está Bernardino Casado, Francisco Madero, Benito Moreno y Dionisio Siles, todos vecinos de Porcuna. 

Cuarentaiún inocentes fueron fusilados en las tapias de San Eufrasio (Jaén) aquél fatídico 30 de diciembre de 1940, y sepultados en la fosa 702, la tumba más ominosa de toda la provincia de Jaén.

Descansa en paz Juan.


Fuente:  
- Fotografías y carta de Juan Pérez Montilla, al que agradecemos enormemente su autorización para ser publicadas.

Apartado de correos nº 47-23790. Porcuna (Jaén)


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 El Ejército Popular de la República