LEER: Desde los que hacemos posible Todos los Nombres de Porcuna, quisiéramos pedir disculpas a todas aquellas personas que se han puesto en contacto con nosotros a través de e-mail o facebook solicitando información sobre sus familiares, y que a día de hoy no les hemos contestado. Creo que son unas 25 peticiones las que tenemos sin atender, pero es que los medios de los que disponemos son escasos y el trabajo se nos acumula.

Gracias por vuestra paciencia, y esperemos contestar a vuestras peticiones lo antes posible.


- El monumento a la intolerancia y al fascismo se renueva en Porcuna (Jaén)
- El monumento a los "Caídos" sufre una gamberrada.
- Por la retirada de nombres y símbolos franquistas de Porcuna.
- Calles relacionadas con el franquismo y su exaltación en Porcuna
- La peculiar memoria histórica en Porcuna.

lunes, 24 de mayo de 2010

Manuela Rueda Rosel "La Pelota"




Manuela Rueda Rosel, nacida en Porcuna en una fecha por determinar, de profesión “sus labores”, y domicilio en C/ San Benito, 42. Hija de Manuel y de Dollores. Casada con Víctor Díaz de Dios, con el que tuvo dos hijos. Ocho días antes de entrar los sublevados en Porcuna (1 de enero de 1937) parece que huye por miedo a los bomardeos fascistas a Eslañuela, y después a Begíjar, en la Calle Carril, donde permaneció hasta el final de la guerra. Vuelve a Porcuna en abril de 1939, siendo detenida el 14 de ese mes, por las denuncias de Valeriano Párraga Quero y Tomás Aguilera Villa. Fue detenida e internada en el depósito carcelario de Porcuna, posiblemente la Iglesia de Jesús. En la denuncia formulada ante la Guardia Civil se le acusa entre otras cosas de "comunista", ser "la presidenta de las mujeres marxistas", "frecuentar la Casa del Pueblo", ... Denuncias todas ellas que ella niega.
Estuvo en la prisión de Porcuna por lo menos hasta 10 de julio de 1939. De allí fue trasladada a la Prisión de Santa Clara de Jaén. El 26 de julio se encuentra hospitalizada por "una afección grave de la vista". Estando allí, además, el Jefe de Falange de Porcuna, Javier Morente, también la acusa de la destrucción de las imágenes de San Benito y el "Santo Cristo de Limpias". Hasta el 17 de marzo de 1941 no encontramos nueva documentación. Parece que en el juicio sumarísimo contra ella no se llega a dictar sentencia; ni tan siquiera que aparezca inscrita en el registro civil de nacimientos de Porcuna.

Firmas de Víctor Párraga y Tomás Aguilera en la acusación. 1939.
Sí tenemos el certificado de defunción, que tiene fecha de 15 de marzo de 1941 a la edad de 65 años (otros documentos hablan de 74 años). Causa de la muerte: "caquesia". Hasta el 13 de noviembre de 1941, el régimen franquista no sabe realmente que ha muerto, y en realidad sigue juzgando a una difunta.
Las extremas condiciones de insalubridad e inanición de la cárcel de Santa Clara provocaron entre otras enfermedades la “caquexia”, que no es otra cosa que un estado de extrema desnutrición producido por enfermedades como la tuberculosis. Si a esto le unimos la edad avanzada de nuestra paisana, observamos que cayó en una psicopatología de disminución de su tasa metabólica, la consecuente debilidad y finalmente la muerte, premio que le otorgó el régimen franquista a esta mujer de longeva edad.
Fuente: Procedimiento Sumarísimo de Urgencia nº 16.576, por Rebelión Militar.


Francisco Aguilera Máez, "Barbaza"




El 28 de mayo de 2010 hará 70 años del fusilamiento de nuestro paisano en el cementerio de Jaén. Agradeceríamos que nos aportasen cualquier información sobre él o su familia con el fin de dignificar su nombre.

Nacido en Porcuna en 1906. De profesión agricultor. Hijo de Francisco y Francisca. Estuvo casado con Dolores González Coca, con la que tuvo tres hijos. Durante la guerra pertenició a la UGT y estuvo en un Batallón de Trabajadores. Capturado, finalizada la contienda, fue juzgado sumarísimamente y acusado de asesinar en el Barranquillo a Rafaél Jiménez Mercado. Fue condenado a muerte y fusilado a los 34 años en el cementerio de Jaén el 28 de mayo de 1940. Contra él, también se abrió expediente de responsabilidades políticas.
Fuente: Juzgado de Primera Instancia de Martos. Expediente de Responsabilidades Políticas nº 979.

E-mail de contacto: nombresporcuna@gmail.com



miércoles, 12 de mayo de 2010

Nuevo nombres de represaliados

A fecha de hoy hemos actualizado la información sobre los represaliados vecinos de Porcuna, sumando otros cinco nombres que desconocíamos hasta el momento. El total de muertes de forma violenta producidas por el fascismo ascienden a un total de 121 muertes.

miércoles, 5 de mayo de 2010

MIGUEL CABEZA MOLINA

MIGUEL CABEZA MOLINA, apodado "El de la Coba o Cova".

Miguel Cabeza era zapatero y nacido en Porcuna en la C/ Gallo 55. Hijo de Horacio y de Ana. Era soltero y sabemos que tenía una hermana que durante la guerra estaba en Linares (Jaén). Perteneció al Partido Comunista con anterioridad a 1933 y durante la misma, formó parte de la colectividad de zapateros.

Terminada la contienda civil vuelve a Porcuna, donde es detenido el 15 de abril de 1939 por denuncia a la Guardia Civil de sus convecinos, Benito Pérez Bellido "Tranquilla"; Pedro Casado Gascón; y José Moreno Vallejo; así como el Alcalde del momento, Antonio Gallo. Suponemos que estuvo en alguna de las cárceles de Porcuna hasta el 29 de mayo de 1939, que ya consta en la Prisión Pronvincial de Jaén.

En el consejo de guerra sumarísimo y de urgencia nº 16.565 celebrado en Jaén el 17 de junio de 1939, siendo su presidente el militar Manuel Poch Ariza, se le acusa de “rebelión militar” imponiéndosele la pena de muerte mediante garrote vil. El juicio es tan absurdo y "falto de pruebas", que hasta el propio abogado defensor, un títere más en esta farsa, lo dice en el juicio.

El día 5 de diciembre de 1939, a la edad de 28 años, siendo las 23:00 horas de la noche, era fusilado en las tapias del cementerio de San Rafaél (Jaén), según consta en el registro de defunciones y enterrado allí la madrugada del 6 de diciembre. No se especifica ni el patio, ni la fosa donde reposan sus restos. Desconocemos, por otro lado, el porqué no se cumplió la sentencia de muerte por “garrote vil”, constando que su muerte fue por “heridas de arma de fuego”.

lunes, 3 de mayo de 2010

Rafaél Vallejo García

RAFAÉL VALLEJO GARCÍA, apodado "Hijo del Cura de los Garbanzos".

Nació en 1912 en Porcuna. Cantero, hijo de Manuel y de Carmen y casado con Raimunda Castillo González, con la que tuvo dos hijos. En el procedimiento del Consejo de Guerra sumarísimo y de urgencia 16.569 instruido contra él en Jaén el 17 de enero de 1940, por "rebelión militar", se le condena a muerte. La pena es ejecuta el en el Cementerio de San Eufrasio el 10 de junio de 1940. Tenía 29 años de edad.

Por la obra de Emiliano Rodríguez Garrote, "Odisea de un antifascista en la posguerra de Franco" (inédito, 1980), se cita "Un hijo del Cura de los Garbanzos" (p.8), que presumiblemente sea Rafaél Vallejo García. Éste dice que estuvo en el campo de concentración de Santiago de Calatrava (Jaén), y que el 12 de mayo de 1939, coincidente con la Romería de Alharilla, fueron sacados de allí, en compañía de un "grupo fascista" de Porcuna, compuesto por Pepón (José Bermúdez López), el Zapatillero, Tranquilla (el Hijo del Sordo Pérez), el de la Ventilla y un guardia civil apedillado Gila (Antonio Gilas García), conocido también como "El Lamparones". Por parte de los presos, además del propio Emiliano y Rafaél, iban "el Rubio del Molino" y un tal Batato. A su llegada a Porcuna, pasaron por la sede de Falange, donde fueron golpeados. Emiliano dice que sus gritos se oían desde el sótano donde estaba. De allí, al arresto municipal, posiblemente la Iglesia de Jesús. Posteriormente sería juzgados y condenados, unos a muerte y otros a penas de cárcel.

A su vez se le abre Expediente de Responsabilidades Políticas con el número 856, por el Juzgado de Primera Instancia de Martos; que finalmente recae sobre su viuda, Raimunda Castillo González, hija de Segundo y de Trinidad, de 30 años en 1943. En dicho expediente consta de su puño y letra una carta que remite al Juzgado Provincial de Responsabilidades Políticas: "Que habiendo sido mi esposo fusilado, quedo Vda con un hijo, y sin más haberes que mi sueldo de 25 ptas mensuales". Se presume, que su otro hijo, menor de edad, había muerto entre 1940 y 1943. De ella también sabemos que estaba viviendo en Jaén, en la Calle San Clemente, nº 48, a 18 de diciembre de 1943.


Entrevista Manuel Ruano Casado

ENTREVISTA A MANUEL RUANO CASADO

Durante la Guerra Civil Española, muchas personas dejaron su pueblo para refugiarse en zonas menos peligrosas. Los soldados aprovecharon las casas inhabitadas como trinchera.

miércoles, 28 de abril de 2010

María Valverde Benítez y hermanos

MARÍA VALVERDE BENÍTEZ
 
María Valverde Benítez, apodada "La Santa", nació en Sorvilán (Granada),casada, con domicilio en Calle Gallos, 14. Parece que abandonó el pueblo en diciembre de 1936, por temor a los bombardeos rebeldes, refugiándose en Torredonjimeno, donde permaneció hasta el fin la guerra. Fue detenida el 13 de abril de 1939, ante la denuncia presentada por Juan Delgado Garrido y Gabino Fernández Rosales, ingresando en las improvisadas cárceles de Porcuna. En el procedimiento de urgencia número 16.629 instruido por el Juzgado Militar de Jaén se le condena a "reclusión perpetua por adhesión a la rebelión" (sic). En 1942 se le conmuta la pena a 30 años de prisión y en 1943 a 20 años y un día. Desde el 6 de julio de 1940 se encontraba en la cárcel de Palma de Mallorca. El 9 de agosto de 1943 fue trasladada a la cárcel de mujeres de Amorabieta (Vizcaya). Consiguió la libertad condicional el 9 de octubre de 1945. Finalmente fue indultada, previa solicitud, el 19 de julio de 1947. En estas fechas ya estaba en Porcuna.

Su hermano, Manuel, que fue portavoz del Partido Solialista cuando gobernaba Rafaél Montilla, fue fusilado en Valencia el 17 de julio de 1939.

Desconocemos, por el momento, otros detalles.


domingo, 25 de abril de 2010

Manuel Valenzuela Torres

Manuel Valenzuela Torres, era cantero, de 43 años en 1939, casado con Benita Pérez Romero, con la que tuvo siete hijos. Vivían en la Calle Castelar, 38 de Porcuna (Jaén). Sus descendientes aún viven en dicha calle, siendo uno de sus nietos un concejal actual del PP-Porcuna.

Recién terminada la guerra, fue detenido el 11 de abril de 1939, según consta en los archivos de la Guardia Civil. Quizá volvió a Porcuna desde Belinchón (Cuenca), donde prestó servicios para la República, como cantero; o quizás, ya se encontraba en la provincia de Jaén una vez se habían derrumbado todos lo frentes. No sabemos si pasó por el campo de concentración de Higuera o Santiago de Calatrava, como muchos otros en aquellas fechas. Sea como fuese, no corrían buenos tiempos. El odio larvado durante los tres años guerra en Porcuna y ante la ausencia de localizar a los asesinos de los grupos de derechas locales, tanto en el paraje conocido como El Barranquillo (Torredonjimeno), como en el Cementerio local, hicieron de aquellos primeros republicanos que llegaron a Porcuna, verdaderos “conejillos de indias” que pagaron con sus vidas la sed de sangre de ciertos elementos extremistas y fascistas que por aquél entonces gobernaban el pueblo.

Cuenta Emiliano Rodríguez Garrote, en “Odisea de un antifascista en la postguerra de Franco” (inédito, 1980) que a todos los que comenzaron a llegar de la zona republicana a Porcuna, pasaban primero por el centro de Falange, que estaba en el “Bar de Andrés el de la cara cortá”. Allí visulizó grandes estacas y vergajos hechos con tiras de neumáticos, y encima de la mesa del Jefe Local de Falange, “Ricardito Rabito Mona”, una máquina de esquilar borregos “para pelar a la Pasionaria” (sic). Una vez pasado por este centro y “acariciados” eran enviados al campo de concentración de Santiago o Higuera de Calatrava. Una vez allí, fueron siendo reclamados por las autoridades vencedoras de Porcuna (Alcalde, Jefe de Falange, cura y otros), para pasar a las cárceles de Porcuna (Igesia de Jesús o Torre-Castillo). Muchos no lo consiguieron, y si salieron fueron para ser fusilados sin previo juicio, aunque éste fuese una farsa.

Una vez en Porcuna, maniatados, eran enviados a la sede de Falange y alojados en los sótanos. Desde aquí, tanto Víctor Funes Pineda, como Javier Morente Garrido, sacaron todas sus confesiones a fuerza de golpes y torturas. Una vez “calmados” eran trasladados a la Iglesia de Jesús o al Castillo. Entre los verdugos que se encontraban en estas cárceles improvisadas, deshumanizadas, y feroces, estaban Fernando Lupiáñez Ocaña, “El Vinagrero”, el “verdugo más repugnante del pueblo”, según Garrote; Ricardo Recuerda Millán, “Rabito Mona”; Antonio F. Aguilera Rueda, “Gronzón”; José Bermúdez López , “Pepón”; un hijo del “Sordo Pérez”, apodado “Tranquilla”; “El Zapatillero”; un guardia civil apedillado “Gila”; Matías Ruano Ortega “El Municipal”, jefe de la cárcel; “El Rubito de la Morena”; Manuél “el Sastre”; Juan de Dios Avellaneda; Victoriano León; y, Valeriano Párraga Quero, “Párraga”, entre otros. Entre otras torturas y barbaridades, un día amarrararon las manos a la espalda a un chico de Higuera de Calatrava, “lo tendieron en el suelo, le amarraron los pies con una cuerda y lo colgaron en la parte inferior del púlpito de la iglesia con la cabeza hacia abajo” (sic). Allí estuvo tres días sin auxilio de nadie. Una vez cadáver, se lo llevaron como si nada hubiese pasado.

Sello de Falange Española Tradicionalista de las JONS de Porcuna (Jaén)
Por esta “escuela” pasó, sin duda, Manuel Valenzuela Torres.

La denuncia contra Manuel Valenzuela le vino precisamente de los elementos más reaccionarios y sanguinarios de la época, a saber: Victor Funes Pineda (Delegado de Información e Investigación de Falange Española y de las JONS), cerebro ideológico de la represión, junto a varios alcaldes, señoritos y curas; Ricardo Recuerda Millán (Ricardito “Rabito Mona”), uno de los Jefes Locales de Falange, cruél y sádico como él mismo; José Pérez de Adana y José Bermúdez López (falangistas).

En la “farsa” denuncia se le acusó de ser el “Jefe de la guardia de los que murieron en El Barranquillo”.

En la declaración de Manuél Valenzuela se dice:
- El 25 de agosto de 1936 se alistó voluntario en las milicias.
- Fue voluntario para hacer la guardia en la Parroquia. Era cabo de la misma.
- Hay una corrección en su declaración: “ingresa el 10 de agosto en las milicias”.
Firma dicha declaración y la corrobora el falangisla Sebastián Pérez Bellido, que hace de secretario.

El 13 de abril de 1939, José Luís Amador Roldán, teniente provisional, abogado, Juez Militar nº 25, decreta prisión preventiva contra Manuél Valenzuela. Certifica la custodia y prisión el Jefe de la misma, Matías Ruano “El Municipal”.

El 15 de junio, Antonio Gallo Aguilera, Alcalde de la gestora de aquellos días, aparte de decir, que perteneció a los partidos de izquierda, tampoco hace referencia a que participase en El Barranquillo. Pueden testificar contra Manuél, Pedro Casado Gascón y Gumersindo Ureña Cubero.

El 17 de junio comparecen ante el Juéz los denunciantes arriba indicados. Lo acusan de requisas de ganado, saqueos a cortijos y de atacar a “los nacionales” en Albendín, Baena y Castro del Río. Nada dicen de que participase en las ejecuciones de El Barranquillo.

El 20 de junio, tras dos meses en prisión, torturado y apaleado, comparace ante el Juéz y ratifica la declaración hecha ante Víctor Funes.

Ese mismo día, declara Gumersindo Ureña Cubero, Cabo Municipal, de 60 años de edad. No hace ninguna referencia a los sucesos del El Barranquillo.

El 21 de junio, Javier Morente, Delegado de Información e Investigación de la Falange, dice: “ Que acompañó hasta el lugar del crimen” a los asesinos de El Barranquillo. Acreditan dichos hechos Manuél Gascón Toribio.

El 22 de junio, Pedro Casado Gascón, Cabo de la Guardia Municipal de 66 años, tampoco menciona que participase en los sucesos de El Barranquillo.

El 23 de junio, el testigo de Falange, Manuél Gascón Toribio, de 42 años, lo acusa de conducir a los presos al Barranquillo y participar directamente en el asesinato. Se había dictado sentencia.

El 3 de agosto de 1939, el Juéz Amador Roldán, dicta Auto de Procesamiento, acusando a Manuel Valenzuela de:
- “Se alzó en armas contra el glorioso movimiento nacional”.
- “Detuvo a elementos de orden, requisó granos y ganado, ...”.
- Fue “Jefe de la cárcel”. Curioso, porque unas veces era “jefe”, otras “guardián”, otras “cabo”.
- ... y “participó en los asesinatos de El Barranquillo”.
Se le acusa, finalmente, de “presenciar asesinatos, alzarse en armas y otros”. Firma: José L. Amador Roldán.

Le designan un abogado defensor: “al de turno correspondiente” (sic). Firma también: Manuél Valenzuela.

Manuel Valenzuela, ante las preguntas del “juez militar”, responde:
- ¿Perteneció a las izquierdas?: No.

- ¿Tomó parte en los combates de Castro del Río y El Carpio?: No.
- ¿Vestía ropas de Guardia Civil?: No.
- ¿Estuvo de guardia en la Parroquia?: No.
- ¿Condujo a los presos a El Barranquillo?: No.
De su conducta pueden testificar: José Vázquez Alonso y Manuel Bellido.

El 5 de agosoto, Manuel Bellido, dijo que era miliciano, que prestó servicios en la cárcel, combatió a los “nacionales” en Valenzuela y que intercedió por los familiares presos de derechas. José Vázquez Alonso, dijo que era miliciano, hacía guardia en la sacristía, que se portaba bien con los presos y que hizo servicios de guardia cerca de Valenzuela.

En el auto-resumen inculpatorio de 5 de agosto de 1939, se le acusa de:
- “Se alzó el armas contra el glorioso alzamiento nacional”;
- “Detuvo personas de orden, requisó granos y ganado”;
- “Tomó parte en los combates con las fuerzas nacionales”;
- “Vistió ropas de guardia civil”; y,
- “Fue jefe de la cárcel y conductor de los presos al Barranquillo y presenció el asesinato de los mismos. Se portó bien con los presos”.
Este simulacro de juicio se hizo contra otros 15 compañeros de infortunio simultáneamente. Nos referimos a Eulogio Cabezas Acuña; Juan Casado Gallego; Juan Cobo Casado; Pablo Garrido de la Hoz; Rodrigo González Gutiérrez; Francisco González Requena; Manuel Jaén Millán; Antonio López Méndez; Benito Morente de la Torre; José Ocaña Castillo; Fernando Orozco Cañas; Francisco Requena Aguilera; Francisco Rojas Merino; Juan Ruiz Morente y Juan Sánchez Ruano.

Muchos de ellos fueron acusados gracias al “ingenio” de Víctor Funes Pineda, que como ideólogo de la represión en Porcuna, creó un personaje, como si de una tragicomedia se tratase. Dicho personaje inventado, pero real, había estado supuestamente preso durante el dominio republicano, y fue él quien enterró a las víctimas de la represión “roja” en el cementerio. Era perfecto !!!!. Así, con este testigo que sobrevivió, podría acusar y condenar impunemente a todo el que quisiera, aunque no hubiese estado en Porcuna. Tal era el caso de José Ocaña Castillo, que en el mes de septiembre ya se encontraba prestando servicio en el 1er. Batallón de Jaén en esta ciudad, por lo nunca pudo participar en esta matanza. El personaje, analfabeto, no sabía leer ni escribir, fue Antonio Arjonilla Moreno, conocido como “El Tonto Capote”; que una vez usado por D. Víctor Funes, fue enviado a la cárcel de Jaén y fusilado. Así se las gastaba este señorito resentido que a tantos incocentes mandó al patíbulo, a la cárcel o la vejación.

En el mes de agosto de 1939, los presos fueron trasladados en camiones a la Cárcel Provincial de Jaén. En enero se les hizo el consejo de guerra en un sólo acto; siendo condenados a muerte. El seis de febrero de 1940 los 16 acusados fueron fusilados en el cementerio de San Eufrasio de Jaén.

A día de hoy, no sólo nadie se acuerda de ellos, ni de la injusticia que se cometió, si no lo que es peor, que un nieto de Manuel Valenzuela, actualmente concejal del PP de Porcuna, votase en contra recientemente de una propuesta de APLI a favor del juez Garzón; y para más inquina personal, le dedicara el nombre de una calle a Antonio Aguilera Ruedas, “Gronzón”, falangista, artífice de la Casa de la Piedra, carcelero de su abuelo, uno de los represores más feroces de la postguerra (sobre todo contra los canteros), y que en su libro “Historias de un loco andaluz, artífice de la Casa de Piedra”, se refiere así a los “vencidos” republicanos: “Una vez acabada la guerra, pues lo mejor que se hizo fue poner “jáquimas” simbólicas y cabestros a todos los que las necesitaban, y de esta forma evitaríamos que se comieran lo que no era suyo. Qué labor más fantástica!, Qué obra más sublime!.” (p. 50).



Descansen en paz todos ellos





viernes, 23 de abril de 2010

Pablo Gallego Casado



Nacido en Porcuna en 1897, casado, industrial y armero, con domicilio en calle Ramón y Cajal, 17, primo de Rafaél y Daniel Montilla García.

De él solo sabemos que abandonó el pueblo el 18 de diciembre de 1936 dirección a Linares con su familia y muy posiblemete con Daniel Montilla García. El 9 de abril de 1937 se le abre expediente por Responsabilidades Políticas, con el fin de embargarle y sustraerle todas sus propiedades, que finalmente se hace, con fecha de 9 de febrero de 1938. En dicho expediente declaran en su contra Antonio Gallo Aguilera, José Herrero Torres, Rafaél Izquierdo, Jesús Morente, Luis Santiago Gascón, Manuel Albín Carmona (Jefe Local de la Segunda Línea de Falange Española de la JONS), Benito Millán Quero,y Pedro Herrera Delgado. Declaran a su favor, Antonio Molina Quero.

Desde 1936 no se tienen noticias documentales del paradero de Pablo Gallego, por lo que agradeceríamos cualquier información sobre el mismo.

Por la información aportada por vecinos de Porcuna, que parece que murió aquí en los años 70 del pasado siglo.


Francisco Barranco López


Nacido en Torredonjimeno (1897) y vecino de Porcuna en calle Castelar, 46, hijo de Cristóbal y Catalina, de profesión, agricultor. Tenías tres hermanos (Antonio, Cristóbal y Manuel) y una hermana (Carmen). Antonio se exilió a Francia probablemente (aunque su hermana dice que murió allí); Cristóbal fue condenado a 6 años de cárcel y Manuél murió en la Batalla del Jarama el 6 de octubre de 1937. Carmen se quedó en Porcuna "clamando justicia".

Junto a Cristóbal Valenzuela Ortega (Torredonjimeno), un tal Pareja, Lupiáñez "El Vinagrero"* (Porcuna), Matías Ruano* (Porcuna), entre otros, funda el Partido Comunista de Porcuna en 1932, con sede en el Llanete de las Monjas.

Finalizada la guerra civil es detendio y encarcelado en Úbeda. De allí pasará a la prisión provincial de Jaén. Allí se le abren dos causas, la primera por "rebelión militar", por la que será condenado a muerte y fusilado el 23 de febrero de 1943 en San Eufrasio (Jaén); y la segunda, por el Tribunal de Responsabilidades Políticas, que le embarga seis fanegas de tierra en el haza conocida como "Las Delicias" y la casa en Calle Castelar, 46. Su hermana, Carmen Barranco López, por los escritos que poseemos, pasó todo un "calvario" durante esos años, con el fin de evitar el embargo de las pocas tierras y la casa que les dejó sus padres.




miércoles, 14 de abril de 2010

Andrés Salas Navarro y Manuel Biedma Quero


























Andrés Salas Navarro fue fusilado un 15 de noviembre de 1939, junto a su paisano Manuel Biedma Quero, Jefe de la Policía Local de Porcuna. Los dos fueron compañeros de presidio de Rafaél Montilla García, alcalde republicano del PSOE. Como él, han estado 70 años ausentes, desconocidos, olvidados.

En los documentos que se adjuntan queda claro que fueron ejecutados en la Prisión Provincial de Baza (Granada), al igual que otros muchos.

Agradeceríamos cualquier información adicional sobre ellos.




martes, 13 de abril de 2010

Rafaél Montilla, "setenta años de olvido"










Fuente:
Nota de prensa relacionada

Aclaración de la noticia: No fue el PP quien pidió una calle en su nombre, si no el APLI, grupo independiente con representación municipal en la actualidad.

79 aniversario de la República Española






























Reproducimos, por su interés, y su crítica a la monarquía, en este 79 aniversario de la República Española el artículo:

El error Berenguer

José Ortega y Gasset - El Sol, 15 de noviembre de 1930

No, no es una errata. Es probable que en los libros futuros de historia de España se encuentre un capítulo con el mismo título que este artículo. El buen lector, que es el cauteloso y alerta, habrá advertido que en esa expresión el señor Berenguer no es el sujeto del error, sino el objeto. No se dice que el error sea de Berenguer, sino más bien lo contrario -que Berenguer es del error, que Berenguer es un error-. Son otros, pues, quienes lo han cometido y cometen; otros toda una porción de España, aunque, a mi juicio, no muy grande. Por ello trasciende ese error los límites de la equivocación individual y quedará inscrito en la historia de nuestro país.

Estos párrafos pretenden dibujar, con los menos aspavientos posibles, en qué consiste desliz tan importante, tan histórico.

Para esto necesitamos proceder magnánimamente, acomodando el aparato ocular a lo esencial y cuantioso, retrayendo la vista de toda cuestión personal y de detalle. Por eso, yo voy a suponer aquí que ni el presidente del gobierno ni ninguno de sus ministros han cometido error alguno en su actuación concreta y particular. Después de todo, no está esto muy lejos de la pura verdad. Esos hombres no habrán hecho ninguna cosa positiva de grueso calibre; pero es justo reconocer que han ejecutado pocas indiscreciones. Algunos de ellos han hecho más. El señor Tormo, por ejemplo, ha conseguido lo que parecía imposible: que a estas fechas la situación estudiantil no se haya convertido en un conflicto grave. Es mucho menos fácil de lo que la gente puede suponer que exista, rebus sic stantibus, y dentro del régimen actual, otra persona, sea cual fuere, que hubiera podido lograr tan inverosímil cosa. Las llamadas «derechas» no se lo agradecen porque la especie humana es demasiado estúpida para agradecer que alguien le evite una enfermedad. Es preciso que la enfermedad llegue, que el ciudadano se retuerza de dolor y de angustia: entonces siente «generosamente» exquisita gratitud hacia quien le quita le enfermedad que le ha martirizado. Pero así, en seco, sin martirio previo, el hombre, sobre todo el feliz hombre de la «derecha», es profundamente ingrato.

Es probable también que la labor del señor Wais para retener la ruina de la moneda merezca un especial aplauso. Pero, sin que yo lo ponga en duda, no estoy tan seguro como de lo anterior, porque entiendo muy poco de materias económicas, y eso poquísimo que entiendo me hace disentir de la opinión general, que concede tanta importancia al problema de nuestro cambio. Creo que, por desgracia, no es la moneda lo que constituye el problema verdaderamente grave, catastrófico y sustancial de la economía española -nótese bien, de la española-. Pero, repito, estoy dispuesto a suponer lo contrario y que el Sr. Wals ha sido el Cid de la peseta. Tanto mejor para España, y tanto mejor para lo que voy a decir, pues cuantos menos errores haya cometido este Gobierno, tanto mejor se verá el error que es.

Un Gobierno es, ante todo, la política que viene a presentar. En nuestro caso se trata de una política sencillísima. Es un monomio. Se reduce a un tema. Cien veces lo ha repetido el señor Berenguer. La política de este Gobierno consiste en cumplir la resolución adoptada por la Corona de volver a la normalidad por los medios normales. Aunque la cosa es clara como «¡buenos días!», conviene que el lector se fije. El fin de la política es la normalidad. Sus medios son... los normales.

Yo no recuerdo haber oído hablar nunca de una política más sencilla que ésta. Esta vez, el Poder público, el Régimen, se ha hartado de ser sencillo.

Bien. Pero ¿a qué hechos, a qué situación de la vida pública responde el Régimen con una política tan simple y unicelular? ¡Ah!, eso todos lo sabemos. La situación histórica a que tal política responde era también muy sencilla. Era ésta: España, una nación de sobre veinte millones de habitantes, que venía ya de antiguo arrastrando una existencia política bastante poco normal, ha sufrido durante siete años un régimen de absoluta anormalidad en el Poder público, el cual ha usado medios de tal modo anormales, que nadie, así, de pronto, podrá recordar haber sido usados nunca ni dentro ni fuera de España, ni en este ni en cualquier otro siglo. Lo cual anda muy lejos de ser una frase. Desde mi rincón sigo estupefacto ante el hecho de que todavía ningún sabedor de historia jurídica se haya ocupado en hacer notar a los españoles minuciosamente y con pruebas exuberantes esta estricta verdad: que no es imposible, pero sí sumamente difícil, hablando en serio y con todo rigor, encontrar un régimen de Poder público como el que ha sido de hecho nuestra Dictadura en todo al ámbito de la historia, incluyendo los pueblos salvajes. Sólo el que tiene una idea completamente errónea de lo que son los pueblos salvajes puede ignorar que la situación de derecho público en que hemos vivido es más salvaje todavía, y no sólo es anormal con respecto a España y al siglo XX, sino que posee el rango de una insólita anormalidad en la historia humana. Hay quien cree poder controvertir esto sin más que hacer constar el hecho de que la Dictadura no ha matado; pero eso, precisamente eso -creer que el derecho se reduce a no asesinar-, es una idea del derecho inferior a la que han solido tener los pueblos salvajes.

La Dictadura ha sido un poder omnímodo y sin límites, que no sólo ha operado sin ley ni responsabilidad, sin norma no ya establecida, pero ni aun conocida, sino que no se ha circunscrito a la órbita de lo público, antes bien ha penetrado en el orden privadísimo brutal y soezmente. Colmo de todo ello es que no se ha contentado con mandar a pleno y frenético arbitrio, «sino que aún le ha sobrado holgura de Poder para insultar líricamente a personas y cosas colectivas e individuales. No hay punto de la vida española en que la Dictadura no haya puesto su innoble mano de sayón. Esa mano ha hecho saltar las puertas de las cajas de los Bancos, y esa misma mano, de paso, se ha entretenido en escribir todo género de opiniones estultísimas, hasta sobre la literatura que los poetas españoles. Claro que esto último no es de importancia sustantiva, entre otras cosas porque a los poetas los traían sin cuidado las opiniones literarias de los dictadores y sus criados; pero lo cito precisamente como un colmo para que conste y recuerde y simbolice la abracadabrante y sin par situación por que hemos pasado. Yo ahora no pretendo agitar la opinión, sino, al contrario, definir y razonar, que es mi primario deber y oficio. Por eso eludo recordar aquí, con sus espeluznantes pelos y señales, los actos más graves de la Dictadura. Quiero, muy deliberadamente, evitar lo patético. Aspiro hoy a persuadir y no a conmover. Pero he tenido que evocar con un mínimum de evidencia lo que la Dictadura fue. Hoy parece un cuento. Yo necesitaba recordar que no es un cuento, sino que fue un hecho.

Y que a ese hecho responde el Régimen con el Gobierno Berenguer, cuya política significa: volvamos tranquilamente a la normalidad por los medios más normales, hagamos «como si» aquí no hubiese pasado nada radicalmente nuevo, sustancialmente anormal.Eso, eso es todo lo que el Régimen puede ofrecer, en este momento tan difícil para Europa entera, a los veinte millones de hombres ya maltraídos de antiguo, después de haberlos vejado, pisoteado, envilecido y esquilmado durante siete años. Y, no obstante, pretende, impávido, seguir al frente de los destinos históricos de esos españoles y de esta España.
Pero no es eso lo peor. Lo peor son los motivos por los que cree poderse contentar con ofrecer tan insolente ficción.

El Estado tradicional, es decir, la Monarquía, se ha ido formando un surtido de ideas sobre el modo de ser de los españoles. Piensa, por ejemplo, que moralmente pertenecen a la familia de los óvidos, que en política son gente mansurrona y lanar, que lo aguantan y lo sufren todo sin rechistar, que no tienen sentido de los deberes civiles, que son informales, que a las cuestiones de derecho y, en general, públicas, presentan una epidermis córnea. Como mi única misión en esta vida es decir lo que creo verdad, -y, por supuesto, desdecirme tan pronto como alguien me demuestre que padecía equivocación-, no puedo ocultar que esas ideas sociológicas sobre el español tenidas por su Estado son, en dosis considerable, ciertas. Bien está, pues, que la Monarquía piense eso, que lo sepa y cuente con ello; pero es intolerable que se prevalga de ello. Cuanta mayor verdad sean, razón de más para que la Monarquía, responsable ante el Altísimo de nuestros últimos destinos históricos, se hubiese extenuado, hora por hora, en corregir tales defectos, excitando la vitalidad política persiguiendo cuanto fomentase su modorra moral y su propensión lanuda. No obstante, ha hecho todo lo contrario. Desde Sagunto, la Monarquía no ha hecho más que especular sobre los vicios españoles, y su política ha consistido en aprovecharlos para su exclusiva comodidad. La frase que en los edificios del Estado español se ha repetido más veces ésta: «¡En España no pasa nada!» La cosa es repugnante, repugnante como para vomitar entera la historia española de los últimos sesenta años; pero nadie honradamente podrá negar que la frecuencia de esa frase es un hecho.He aquí los motivos por los cuales el Régimen ha creído posible también en esta ocasión superlativa responder, no más que decretando esta ficción: Aquí no ha pasado nada. Esta ficción es el Gobierno Berenguer.

Pero esta vez se ha equivocado. Se trataba de dar largas. Se contaba con que pocos meses de gobierno emoliente bastarían para hacer olvidar a la amnesia celtíbera de los siete años de Dictadura. Por otra parte, del anuncio de elecciones se esperaba mucho. Entre las ideas sociológicas, nada equivocadas, que sobre España posee el Régimen actual, está esa de que los españoles se compran con actas. Por eso ha usado siempre los comicios -función suprema y como sacramental de la convivencia civil- con instintos simonianos. Desde que mi generación asiste a la vida pública no ha visto en el Estado otro comportamiento que esa especulación sobre los vicios nacionales. Ese comportamiento se llama en latín y en buen castellano: indecencia, indecoro. El Estado en vez de ser inexorable educador de nuestra raza desmoralizada, no ha hecho más que arrellanarse en la indecencia nacional.

Pero esta vez se ha equivocado. Este es el error Berenguer. Al cabo de diez meses, la opinión pública está menos resuelta que nunca a olvidar la «gran vilt`» que fue la Dictadura. El Régimen sigue solitario, acordonado como leproso en lazareto. No hay un hombre hábil que quiera acercarse a él; actas, carteras, promesas -las cuentas de vidrio perpetuas-, no han servido esta vez de nada. Al contrario: esta última ficción colma el vaso. La reacción indignada de España empieza ahora, precisamente ahora, y no hace diez meses. España se toma siempre tiempo, el suyo.
Y no vale oponer a lo dicho que el advenimiento de la Dictadura fue inevitable y, en consecuencia, irresponsable. No discutamos ahora las causas de la Dictadura. Ya hablaremos de ellas otro día, porque, en verdad, está aún hoy el asunto aproximadamente intacto. Para el razonamiento presentado antes la cuestión es indiferente. Supongamos un instante que el advenimiento de la dictadura fue inevitable. Pero esto, ni que decir tiene, no vela lo más mínimo el hecho de que sus actos después de advenir fueron una creciente y monumental injuria, un crimen de lesa patria, de lesa historia, de lesa dignidad pública y privada. Por tanto, si el Régimen la aceptó obligado, razón de más para que al terminar se hubiese dicho: Hemos padecido una incalculable desdicha. La normalidad que constituía la unión civil de los españoles se ha roto. La continuidad de la historia legal se ha quebrado. No existe el Estado español. ¡Españoles: reconstruid vuestro Estado!

Pero no ha hecho esto, que era lo congruente con la desastrosa situación, sino todo lo contrario. Quiere una vez más salir del paso, como si los veinte millones de españoles estuviésemos ahí para que él saliese del paso. Busca a alguien que se encargue de la ficción, que realice la política del «aquí no ha pasado nada». Encuentra sólo un general amnistiado.Este es el error Berenguer de que la historia hablará.

Y como es irremediablemente un error, somos nosotros, y no el Régimen mismo; nosotros gente de la calle, de tres al cuarto y nada revolucionarios, quienes tenemos que decir a nuestro conciudadanos: ¡Españoles, vuestro Estado no existe! ¡Reconstruidlo!

Delenda est Monarchia.


Apartado de correos nº 47-23790. Porcuna (Jaén)

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martes, 8 de diciembre de 2009

BERNARDINO CASADO HUESO, "La Arrogancia".







Nacido en Porcuna. Jornalero. Casado con Encarnación Ortega Cobos, con la que tuvo ocho hijos. Fue detenido por denuncia de sus paisanos en mayo de 1939, y encarcelado en la Iglesia de Jesús donde sufrió torturas y maltratos. Allí, bajo amenazas y acusaciones injuriosas por el Delegado de Información e Investigación de FET y de las JONS de Porcuna, Víctor Funes Pineda, firmó su autoinculpación. En el procedimiento sumarísimo de urgencia nº 40.661, instruido por el juez militar Amador Roldán, se falló pena de muerte. Fue ejecutado en Jaén el 30 de Diciembre de 1940. Su cuerpo descansa en el cementerio de esa localidad.

Fuente: Tribunal Militar Segundo. Sevilla. Diciembre 2009

domingo, 10 de febrero de 2008

Cinco fusilados más en un mes de febrero

Un sombrío día de 5-11 de febrero de 1941, morían acribillados en el cementerio de San Eufrasio cinco paisanos de Porcuna. Se trata de un cantero, un estudiante y tres jornaleros sin tierra.

Aquel día, fusilados también, morían un total de 29 personas en las tapias de ese mismo cementerio. En ese mes de febrero la represión contra "los enemigos de clase" fue dura y cruenta para muchos de los presos que hacinados que vivían en condiciones de insalubridad y precariedad en la Prisión Provincial y el convento de Santa Clara de Jaén. En ese mes se produjeron 110 fusilamientos sumarísimos. El ritmo de ejecuciones no disminuiría en los días siguientes ...

Estos son los cinco fusilados aquella triste mañana de un 5 y 11 de Febrero de 1941:


1.- Justo Aguilera Cobo, 38 años, cantero.

2.- Teodosio Ruiz Padilla, 22 años, estudiante.

3.- Santiago Cobos Heredia, 29 años, jornalero sin tierra.
4.- Manuel Galán Pérez, 32 años, jornalero sin tierra.
5.- Manuel Zumaquero Estrella, 59 años, jornalero sin tierra.


QUE LA TIERRA LES SEA LEVE. DESCANSEN EN PAZ.


sábado, 9 de febrero de 2008

EL CANAL DE LOS PRESOS DEL BAJO GUADALQUIVIR



Franco ideó un complejo sistema para explotar a los presos políticos que encerró en sus cárceles. Más de 110.000 vivieron esclavizados en campos de trabajo. Varios miles, además, fueron subarrendados a empresas privadas hasta 1970. En la imagen, presos construyen el Canal del Bajo Guadalquivir.

Terminada, en abril de 1939, las operaciones bélicas de lo que se conoce como Guerra Civil, todos los órdenes de la vida española quedaron afectados por las nuevas condiciones políticas y económicas impuestas por los vencedores.
Con el fin de la contienda, comenzaron los controles de residencia y desplazamiento, las cartillas de racionamiento y el exilio o la prisión de cientos de miles de españoles derrotados.
El Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas, fue creado en Septiembre de 1939, con el fin de utilizar a los reclusos en obras de utilidad nacional. Uno de sus mayores proyectos, fue la obra hidráulica del Canal del Bajo Guadalquivir, conocido popularmente como Canal de los Presos. Entre 1940 y 1962, gracias al trabajo de los prisioneros de guerra y de represaliados políticos, numerosos terratenientes sevillanos transformaron sus latifundios de secano en tierras de regadío y se construyeron varios poblados de colonización.

En el año 1940, La 1ª Agrupación del Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas, situó sus dos primeros campos de trabajo en la fincas de La Corchuela y los Arenales, en el término de Dos Hermanas, a 5 y 10 kilómetros aguas abajo, en dirección a Lebrija. El 20 de enero de 1940, llegaron al campamento los primeros treinta presos que iban a trabajar en la construcción del canal. Entre ellos se encontraba el campesino lucentino Vicente Borrego Rivas, de 34 años.
A lo largo del año, arribarían otros 1.500 penados. En noviembre de 1941 las obras del canal recibieron un nuevo impulso, al encargarse la 6ª Agrupación de otra sección de las obras. 750 penados llegaron al campamento, que se había levantado a unos cinco kilómetros, en la finca Los Merinales

Los reclusos confinados en los distintos campamentos del Bajo Guadalquivir, procedían de las más diversas regiones de España, aunque un 61% eran andaluces. Los presos vivían una existencia desarraigada, lejos de sus habituales lugares de residencia y en condiciones infrahumanas.

Además, el trabajo que realizaron, sobre todo en los primeros años, fue de gran dureza por la falta de instrumentos técnicos y por la propia situación de los campamentos. Muchos de los penados, una vez que consiguieron la libertad, encontraron enormes dificultades para rehacer sus vidas. Desterrados o sometidos a una fuerte exclusión social, no podían acercarse a sus lugares de origen, por lo que en muchos casos no tuvieron más opción que quedarse trabajando en el canal, ahora como asalariados libres o libertos.

Los presos construyeron 30 km. de los 160 km. que tienen el canal en su totalidad, concretamente, el tramo que comprende desde La Rinconada, hasta Dos Hermanas. El trabajo de los presos finaliza en la intersección con el canal del Salado, que tiene su origen en la presa “Torre del Águila” (también construida parcialmente por los presos políticos) en el término municipal de Utrera y junto a la localidad de El Palmar de Troya (pueblo creado por los familiares de los presos). Sin embargo, es más difícil definir,, con precisión, el lugar exacto donde comienzan a trabajar, ya que los presos eran desplazados a otros tramos, incluso cercanos a la localidad de Lora del Río, o sea, junto a su nacimiento en Peñaflor.

Los proyectos para la transformación en regadío de las marismas del bajo Guadalquivir se remontan a principios del siglo XIX. Tan vasta operación hidráulica pasó por numerosas vicisitudes asociadas a los conflictos de intereses afectados por la derivación de aguas del Guadalquivir. Desde los de los gestores del Puerto de Sevilla, hasta la participación de la empresa privada en la financiación de las obras. Todo lo cual se reflejó en la compleja trayectoria de su planificación y ejecución. Son elocuentes de esta complejidad, las características del primer tramo (previsto inicialmente como navegable), la propia secuencia de su construcción, las modificaciones de los proyectos por la incidencia de otras obras públicas (autopista, aeropuerto o polígonos industriales), la cambiante delimitación de las zonas regables y, en consecuencia, las previsiones de agua de riego y dotaciones por unidad de superficie.

Las referencias bibliográficas sobre la propia obra hidráulica demuestran el interés que suscitó tan ambicioso proyecto. Aunque son muy escasas, o prácticamente nulas, las referencias a la forma en que se llevó a cabo la construcción de sus primeras secciones. No fue la única obra que se realizó por presos políticos en Andalucía, pero sí la más significativa, al menos en las comarcas occidentales.
De todas formas, lo que sí conocemos –por la memoria presente y viva de sus testigos– es que el desarrollo de estas obras dejó huellas profundas. Por ejemplo, en el tejido urbano de los alrededores de Sevilla.
Las barriadas de Bellavista o Torreblanca no se entienden sin la actividad directa generada por las obras del canal y las transformaciones hidráulicas del Bajo Guadalquivir. Pero, también, de forma indirecta, por las derivadas de una población reclusa que vivió en los campos de concentración al servicio de estas obras, y en cuyos aledaños se asentaron sus familiares en condiciones penosas de supervivencia y drama humano. La realización del “Canal de los Presos”, significó no solamente una transformación importante del espacio físico, sino que también se tradujo en un cambio social y urbano en los municipios que recibieron a los prisioneros políticos.

INFORMACIÓN EXTRAÍDA DE http://www.pangea.org/~spcgta/PRESOS.htm

Estos son los ciudadanos de Porcuna que pasaron por el Canal de los Presos:

- Luis Callado Hueso
- Juan del Pino Castro
- Francisco Garrido Aguilera
- Luis Quero López
- Manuel Sánchez Ruano
- Manuel de la Torre Ruano
- Rafael Villa Corpas



NOTA: para cualquier aclaración u aportación de información sobre el listado de represaliados contactar con: nombresporcuna@gmail.com

Información aportada por: Todos los Nombres de Porcuna (Jaén)

miércoles, 6 de febrero de 2008

Fusilados 16 paisanos tal día como hoy



Hoy se cumplen 68 años del fusilamiento en el cementerio de San Eufrasio (Jaén) de 16 paisanos de Porcuna.

En un día gris de 6 de Febrero de 1940 estos 16 paisanos de diversas edades morían acribillados por balas franquistas después de que alguien de su propio pueblo ordenase tan macabra actuación. Hay que decir, que ese día solo se fusiló a porcunenses, como si de un monográfico del horror se tratase. Poderosamente llama la atención la edad de los ejecutados, pues apenas superaban la treintena de años. Se cebaba, una vez más, la violencia franquista sobre aquellos jornaleros y obreros que más combatividad habían opuesto a la oligarquía terrateniente y la derecha extrema.

De los 16 ejecutados, 14 eran jornaleros sin tierra, un albañil y un chófer. Aquí están sus nombres para el recuerdo de tod@s.
 
  1. Eulogio Cabezas Acuña, 32 años.
  2. Juan Casado Gallego, 37 años.
  3. Juan Cobo Casado, 36 años.
  4. Pablo Garrido de la Hoz, 30 años.
  5. Rodrigo González Gutiérrez, 35 años.
  6. Francisco González Requena, 33 años.
  7. Manuel Jaén Millán, 28 años.
  8. Antonio López Mendez, 50 años
  9. Benito Morente de la Torre, 45 años.
  10. José Ocaña Castillo, 28 años.
  11. Fernando Orozco Cañas, 38 años.
  12. Francisco Requena Aguilera, 48 años.
  13. Francisco Rojas Merino, 38 años.
  14. Juan Ruiz Morente, 49 años.
  15. Juan Sánchez Ruano, 45 años.
  16. Manuel Valenzuela Torres, 43 años.
QUE LA TIERRA LE SEA LEVE.
EN SU HONOR Y HOMENAJE.

sábado, 2 de febrero de 2008

Muerte en prisión de Manuel Rosel Coba


Hoy se cumplen 68 años en la muerte en la Prisión Provincial de Jaén de Manuel Rosel Coba (02/02/1940), anciano de 74 años de edad, con motivo de una bronquitis crónica, provocada por las extremas y duras condiciones de las prisiones franquista. En su memoria.

Al día siguiente, serían fusilados otros paisanos nuestros, Benito Herrera Toribio, de 28 años y Pablo Santiago Ruiz, de 48 años de edad, ambos jornaleros. Que la tierra de su fosa común en el cementerio de San Eufrasio (Jaén) les sea leve.

jueves, 31 de enero de 2008

LA MUERTE DE DOS MUJERES DE PORCUNA EN LA CÁRCEL DE SANTA CLARA EN JAÉN.


La represión franquista en la provincia de Jaén ni respetó sexos ni edades. Traemos aquí dos ejemplos de nuestras paisanas fallecidas dentro del convento habilitado como cárcel de Santa Clara (Jaén).

Se trata de Presentación Bellido Navarrete, nacida en Porcuna en 1878, de profesión “sus labores” que muere en dicha prisión a la edad de 68 años (27/06/1940), como consecuencia de la conocida como “caquexia”. La segunda, Manuela Rueda Rosel, nacida en Porcuna en 1867, de profesión “sus labores” que padece la misma suerte que la anterior por la misma enfermedad a la edad de 74 años, un día de 15 de Marzo de 1941.

Las extremas condiciones de insalubridad e inanición de la cárcel de Santa Clara provocaron entre otras enfermedades la “caquexia”, que no es otra cosa que un estado de extrema desnutrición producido por enfermedades como la tuberculosis. Si a esto le unimos la edad avanzada de nuestras dos paisanas, observamos que cayeron en una psicopatología de disminución de su tasa metabólica, la consecuente debilidad y finalmente la muerte, premio que le otorgó el régimen franquista a estas dos mujeres de longeva edad.

lunes, 28 de enero de 2008

Nuevos datos sobre la represión

Gracias a la colaboración de tod@s tenemos en nuestras bases de datos nuevos datos sobre dos paisanos que padecieron en sus carnes la represión franquista. Se trata de SANTIAGO COBO HEREDIA, fusilado en Jaén en 1941 y de FELIPE HERRERA RUANO, muerto en un campo de prisioneros en Cantabria, en 1938. Este último caso lo desconocíamos, como otros tantos de los cuales vamos teniendo información.

Pinchen en los nombres para ampliar la información.