| Policía Montada rebelde, conversando con una porcunense. Primeros días de 1937 |
Las fuentes de la época estiman que unos 7.000 porcunenses abandoraron la localidad en la segunda quincena del mes de diciembre de 1936, es decir, huyeron de los ataques fascistas a partir del 14, día en el que Porcuna sufrió su primer bombardeo con víctimas mortales. Las elevadas cifras represivas ejercidas por los facciosos en la localidad, estimadas por nosotros alredor de unas mil víctimas directas, en contraposición de otras localidades jiennenses (la mayoría sin investigar), pudieran explicarse en parte por dos motivos que no son excluyentes: uno, el regreso de los huidos de la zona republicana (donde se encontraban importantes derechistas) a los que había que "desinfectar" y adoctrinar en la nueva fe nacionalcatólica; y dos, al odio, rencor, y venganza de aquellos que ostentaron el poder franquista a partir del mes de abril de 1939, que no eran otros que los excautivos de tradición derechista y caciquil y aquellos otros que habían perdido algún ser querido durante la contienda, bien, fruto de la represión o las bombas republicanas; bien, por sus propias hazañas bélicas (¡fuego amigo!).
Es evidente que la guerra la ganaron unos y la perdieron otros. Cientos de republicanos, socialistas y comunistas, pero también una enorme mancha informe proletaria sin convicción definida, sufrieron en sus carnes el calor del metal, las torturas, el hambre, la cárcel, el destierro, el exilio o la muerte en presidio. Por el contrario, a los vencededores, según su estatus en la pirámide del nuevo orden, coparían todos los puestos civiles, policíacos y paramilitares que el régimen ofrecía. Pero, ¿se vieron todos beneficiados por la victoria?. Evidentemente no. La realidad sería otra, y desde luego, los mejores cargos, las mayores dignidades y emblemas quedaron en manos de la derecha tradicional y caciquil de Porcuna (con alguna salvedad). Los demás, matones incluidos, ocuparon los cargos medio-bajos del organigrama político-social. Pero, ¿qué hacer con los excombatientes, con todos aquellos que desarraigados de sus hogares, obligados en la mayoría de los casos a empuñar las armas en favor de la causa nacional, deambulaban como los perdedores por las calles de Porcuna en busca de un mendrugo de pan?. Pues bien, el régimen franquista, pese a las pensiones de guerra (ínfimas), se vió incapaz de ofrecer alimento y trabajo a todos aquellos que habían sido obligados a dar su sangre por España. La pobreza fue tan generalizada que el franquismo pese a querer dar un trato de favor a los suyos, se veía impotente en alimentar a una población depauperada. Así, con un pueblo destrozado por las bombas, una economía arruinada, cientos de jóvenes mutilados y la mitad de los brazos en prisión, el trato preferencial para los excombatientes, con el fin de mitigar sus miserias y hacer frente al paro estacional propio de economías de subsistencia basadas en los cultivos de verano e invierno, no fue otro que ofrecerles ciertos puestos seguros (aunque estacionales) en el nuevo organigrama de la economía de la autarquía. Este trato preferencial, como se reconocía en el artículo 16 del Fuero del Trabajo (1938) pretendía que la
juventud combatiente accediese a los puestos de trabajo, honor o de mando, a los
que tienen derecho como españoles y que han conquistado como héroes. En las actas capiturales del ayuntamiento franquista de posguerra hay continuos nombramientos de "empleados públicos", pero pocos son los excombatientes. Predominan los excautivos y algún que otro "caballero mutilado". Es evidente que el régimen tuvo problemas con los excombatientes, que el caso de Porcuna no deberieron ser más de 150 (incluidos sus muertos). Algunos vieron una oportunidad en la ya comenzada Guerra Mundial, enrolándose en la División Azul; otros, hastiados de guerras y de aventuras quedáronse en Porcuna a la espera del reparto de las migajas que ofrecía el régimen.
Y el régimen, como veremos, repartía esas migajas, como se observa en el oficio que firma Luis López Martínez, Delegado de Excombatientes de Falange (al que curiosamente le da el visto bueno su hermano Francisco, como alcalde accidental), hace un llamamiento a todos los antiguos combatientes (91 según listado de 1940) para trabajar como molineros en las fábricas de aceite de la localidad, perdiendo sus derechos en el caso de no presentarse e inscribirse. Los parias en suma, aunque victoriosos, seguirían siendo tales en el nuevo régimen.
- Oficio del Delegado Local de Excombatientes de Falange, Luis López Martínez, de fecha del 7 de diciembre de 1941. Archivo Histórico Municipal de Porcuna (Jaén). 2012.
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