MANUEL GARCÍA DE LA CRUZ “Tartaja o Tartamudo”.
Manuel García de la Cruz, conocido como “Tartaja” o “Tartamudo” cometió el error de su vida al regresar a Porcuna, procedente de Higuera de Arjona, una vez terminó la guerra. Allí lo recibieron primero en el cuartel de la Guardia Civil, donde fue interrogado y se le confeccionó la correspondiente ficha de detención que incluía los campos a rellenar de filiación personal, política o social y actuaciones “antes del Movimiento”.
Fue detenido el 14 de abril de 1939, a la edad de 59 años. Oriundo de Lopera (1880), este jornalero y carbonero a la vez, que se casó con Librada, con la que tuvo 4 hijos, militó en el Partido Comunista y en la UGT, cometiendo, sin saberlo (era analfabeto) su segundo error: haber simpatizado, desde el anonimato colectivo, con los partidos y grupos de izquierdas o republicanos de la época.
Ese mismo día, como si de una excursión se tratase por los locales del horror y del terror de Porcuna, dejó atrás el cuartel de la Guardia Civil, para ser conducido una calle más arriba, maniatado por Juan Pulido Orozco, recién llegado del campo de trabajo donde fue recluido por los Tribunales Populares y Tomás Aguilera Villa, el “Bizquillo”, camisa vieja de Falange desde 1934. Ya en el centro de Falange, donde estuvo el bar de “Andrés, el de la Cara Cortá”, entre vergajos y estacas de olivo fue interrogado por el “Sr. Muerto”, es decir, el Jefe de Investigación de FET, el todopoderoso Victor Funes Pineda, a la sazón médico de profesión y verdugo por devoción. Un hombre flacucho, escondido y enfermo durante los tiempos en que triunfó “la revolución marxista” en Porcuna, y que nunca fue detenido, por la lástima que despertó entre sus conciudadanos, los milicianos, que luego él juzgó sin escrúpulos.
Allí confesó sus males, nuestro convecino García de la Cruz, ... allí cometió su tercer error. Ante esta banda sedienta de sangre, confesó que el día en que quemaron los santos, se presentaron dos mujeres en su casa con trozos de madera para que se la troceara con el hacha, porque ellas no podían. Nuestro carbonero, cuyo oficio era hacer carbón del árbol, y en este caso, del santo caido, ofreció su ayuda para trocear los restos de la imaginería de la ermita de San Cristóbal.
Del centro de Falange pasó, con toda probabilidad, a uno de los dos campos de concentración que había en Santiago e Higuera de Calatrava. En julio pasó a las garras de Lupiañez, carcelero de la Iglesia de Jesús, para después entrevistarse con el juez instructor, José Luis Amador Roldán. Éste pide nuevos informes a las fuerzas vivas del pueblo (es curioso que falte el informe del cura-párroco) y solicita más testigos. Entre los informes recibidos por dichas “autoridades” se encuentra la del Sr. Alcalde, el todopoderoso Benito Garrido Palacios, que a falta de mayores motivos de acusación, dice que militó desde antiguo en la UGT, y evidentemente, que era un pirómano iconoclasta. No podemos quitarle la razón a D. Benito, pues seguramente coindiesen en la Casa del Pueblo allá por 1931, cuando nuestro Alcalde también se encontraba afiliado a la UGT.
Carné de la UGT de Benito Garrido Palacios con fecha de ingreso de 1 de julio de 1931
Entre los testigos llamados por el juez, como si faltasen argumentaciones suficientes para poder condenar a nuestro maltrecho reo, hace su aparición Rafael Agüera Montes, vecino de Porcuna, pero natural de Córdoba. Dice el susodicho, como si estuviese delante de una bola de cristal, que Manuel García “influyó mucho en la muerte de los hermanos Rodríguez Criado de Lopera”. Evidentemente nuestro envejecido paisano lo desmiente, pero como la justicia “es ciega”, el Juez instructor encontró un argumento “convincente” para proponer al Consejo de Guerra un castigo ejemplar.
Así las cosas, Manuel García de la Cruz, fue juzgado en Porcuna el mismo día fatídico del 24 de agosto de 1939, y condenado a la desproporcionada pena de “reclusión perpetua”. Con posterioridad se revisaría su pena a 30 años de cárcel. Y ya, el 9 de diciembre de 1943, se le conmutó a 20 años y un día de reclusión mayor.
Poco le tuvo ya que importar a Manuel que le redujesen la pena a 20 años de cárcel, pues éste murió en la prisión de Linares el 12 de abril de 1943 como consecuencia de una “aristolia”, a la edad de 64 años.
Se había cometido una nueva injusticia. Descanse en paz.

