LEER: Desde los que hacemos posible Todos los Nombres de Porcuna, quisiéramos pedir disculpas a todas aquellas personas que se han puesto en contacto con nosotros a través de e-mail o facebook solicitando información sobre sus familiares, y que a día de hoy no les hemos contestado. Creo que son unas 25 peticiones las que tenemos sin atender, pero es que los medios de los que disponemos son escasos y el trabajo se nos acumula.

Gracias por vuestra paciencia, y esperemos contestar a vuestras peticiones lo antes posible.


- El monumento a la intolerancia y al fascismo se renueva en Porcuna (Jaén)
- El monumento a los "Caídos" sufre una gamberrada.
- Por la retirada de nombres y símbolos franquistas de Porcuna.
- Calles relacionadas con el franquismo y su exaltación en Porcuna
- La peculiar memoria histórica en Porcuna.
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viernes, 18 de abril de 2025

🪦 EXHUMACIONES DE VECINOS DE PORCUNA (JAÉN) EN LAS FOSAS DE CÓRDOBA.



 
Comunicado conjunto de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de la provincia de Jaén y de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica Sierra Sur Jaén. Ambos colectivos memorialistas adscritos a la Federación Andaluza de Memoria Democrática informan: 

Que tienen como objetivo recuperar los restos mortales de las víctimas democráticas represaliadas por la dictadura franquista existentes en las fosas de la provincia de Jaén y resto de España. En ese sentido hemos conseguido informaciones de los colectivos memorialistas cordobeses de la existencia de 126 víctimas democráticas de la provincia de Jaén en las fosas de los cementerios de la Salud y de San Rafael de Córdoba. Para conseguir la máxima respuesta por parte de sus familiares, queremos localizarlos a través de nuestras Asociaciones, partidos políticos, sindicatos, ayuntamientos, redes sociales, medios de comunicación, etc. para que se hagan el ADN y puedan ser contrastados con los restos mortales exhumados. Se puede pedir un kit de ADN gratuito al Departamento de Anatomía Patológica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada, situada en la calle Doctor Jesús Candel Fábregas, 11 de Granada. Código Postal 18016 de Granada, teléfono 958243504, indicando el parentesco consaguíneo con el familiar de las fosas. Esta primera iniciativa se debe a que las exhumaciones de Córdoba van más avanzadas que las de Jaén. Próximamente haremos otra llamada a la localización de familiares con víctimas en las fosas 548 y 484 del cementerio de San Eufrasio de Jaén. 

Para más detalles e información:

ARMH Jaén: https://www.memoriahistoricajaen.org/ / Apartado de Correos, 2 (Jaén)-ARMH Sierra Sur Jaén: armhalcalalareal@gmail.com / 618 79 27 59 

 En Jaén, a 1 de abril de 2025 

Listado de personas nacidas o vecinas de Porcuna fusiladas o muertas en la provincia de Córdoba durante la Guerra Civil y la posguerra: 

9-ENERO DE 1937 

  • Manuel Cañete Romero, 49 años, depositario del Ayuntamiento. 

11-ENERO-1937 

  • Benito Gordillo López, chófer, 64 años. 
  • Carmen Coca Moreno (esposa del anterior), 60 años, sus labores. 
  • José María Quero Sánchez, 33 años, jornalero. 
  • Juan Pérez Ortega. Natural de Lahiguera, residente en Porcuna, 58 años, jornalero (¿refugiado?).

13-ENERO-1937 

  • Juan Peláez Guardia, 36 años, jornalero. 

15-ENERO-1937 

  • Francisco Millán Quero, 41 años, campo. 
  • Juan Lendines Lendines, 50 años, vaquero. 

16-ENERO-1937 

  • Pedro Romero Ruano, 28 años, campo. 
  • Antonio González Moreno, 40 años, campo. 
  • Bartolomé Teruel Palomares, 42 años, panadero. 
  • Benito Bellido González, 32 años, barbero. 
  • Juan Torres Ramos, 52 años, industrial. Otilio Arroyo Casado, ferroviario. 

19-ENERO-1937 

  • José Carrasco Ruiz. Natural de Lopera, residente en Porcuna (¿refugiado?).
  • Jornalero. Juan Morales Marina. Natural de Higuera de Calatrava, vecino de Porcuna. Abogado. 49 años (¿refugiado?).

20-ENERO-1937 

  • Benito Raya Ruiz, 46 años, zapatero. 

22-ENERO-1937 

  • Manuel Guerrero Quero, 54 años, jornalero. 
  • Modesta Piñar de Torres, 61 años, sus labores. 
  • Eulogio Bellido Pérez, 40 años, jornalero. 

27-ENERO-1937 

  • Juan Casado Cobos, 52 años, jornalero. 
  • Luis Garrido Heredia, 55 años, jornalero. 

2-FEBRERO-1937 

  • Alberto Herrera López, 47 años, jornalero. 

4-FEBRERO-1937 

  • Gabriel Álvarez Jiménez, 49 años, cartero. Castelldeferro, Granada. Vecino de Porcuna (¿refugiado?).

5-FEBRERO-1937 

  • Martín López Elvaz. Ferroviario. 

11-FEBRERO-1937 

  • Antonio Baudel(t) Casado. Jornalero, 75 años. 
  • Moisés Sánchez Garrido. Natural de Alcalá la Real, vecino de Porcuna. Jornalero (¿refugiado?).

15-FEBRERO-1937 

  • Felipe Moreno Herrera. Jornalero, 62 años. 
  • Manuel Márquez Camuña, medigo (sic), 71 años. 

17-FEBRERO-1937 

  • Francisco Torres Navarro, campo, 62 años. 
  • Juan Torres Navarro, campo, 45 años. 

18-FEBRERO-1937 

  • Antonio GarcíaMoreno, 25 años, jornalero. 

7-ABRIL-1937 

  • Manuel Piñar López (de / Torres), 44 años, barbero. ¿Hermana de Modesta Píñar de Torres? 

20-ABRIL-1937 

  • Juan Jurado Fernández, 30 años. 
  • Santiago Fernández Garrido. 

 8-ENERO-1938 

  • Manuel Vallejo Peláez, 51 años. 
  • Manuel Casado Quero, 63 años, jornalero. 

18-ENERO-1938 

  • José Alguacil Cobo. Fusilado en Almedinilla. 

28-ABRIL-1939 

  • Juan Bautista Ruano Muñoz, "Bautista". Albañil, 43 años. 

20-FEBRERO-1940 

  • Pablo Barja Peláez. Afilador, muerto en la cárcel. 

27- DICIEMBRE- 1940 

  • Leopoldo Lucena de la Rubia. 33 años,campo. 

3-JUNIO-1941

  • Lucas Fortado Cañete, chófer. 

Fuentes y bibliografía: 

  • Hidalgo Luque, Patricio «La Guerra Civil en Córdoba 1936-1939"»  http://www.laguerracivilencordoba.es/. 
  • De Córdoba Ortega, Santiago: «Geografía de la represión criminal franquista: Todos los nombres de Jaén (1936-1952)» (manuscrito). 
  • Moreno Gómez, Francisco (1985): La guerra civil en Córdoba: 1936-1939. Alpuerto S.A. 
  • Moreno Gómez, Francisco (2008): 1936: el genocidio franquista en Córdoba. Crítica. 
  • Expedientes de Responsabilidades Políticas. Jaén (varias consultas).

miércoles, 23 de octubre de 2013

Leoncio Arroyo Parras, el lucentino movilizado por Franco.

 
Cartel fascista de Auxilio Social

Según su expediente personal del reemplazo de 1938, Leoncio Arroyo Parras sería hijo de Otilio y de Isidra, naturales de Lucena (Córdoba). Nació el 26 de marzo de 1919, de profesión telegrafista, sabía leer y escribir, siendo su religión la católica, apostólica y romana; y su estado civil soltero.

Se incorporó a la Caja de Reclutas nº 18 de Granada el 14 de febrero de 1938, por lo que hay que entender que fue movilizado por su quinta en el ejército franquista. Según la documentación depositada en el Archivo Histórico Municipal de Porcuna intitulada “Correspondencia militar de 1940”, Leoncio Arroyo Parra pertenecía al Regimiento Lepanto nº 5 de Granada y falleció el 2 de enero de 1939 en el hospital de Málaga, suponiendo que fue por heridas recibidas en combate, sin que conozcamos más detalles.

Aparece en la Cruz de los Caídos de Porcuna como muerto, posiblemente en combate, sin ser de la localidad. Consultado el registro civil, no aparece ni nacimiento, matrimonio o defunción. Creemos que posiblemente se encuentre en Lucena (Córdoba).

Agradeceríamos cualquier otra información.



Fuente:

- Alistamiento, rectificación y clasificación de los alistados en el reemplazo de 1940. Archivo Histórico Municipal de Porcuna (Jaén), consultado en diciembre de 2012.

domingo, 16 de junio de 2013

De condenado a muerte a prisionero esclavo: el caso de Rafael García García.

Sentencia por la que se le condena a muerte

Para aquellos familiares, vecinos, o investigadores que lo deseen, decirles que tenemos fotografiado el consejo de guerra sumarísimo y de urgencia abierto después de la guerra a RAFAEL GARCÍA GARCÍA, natural de Tabernas (Almería), pero vecino de Pedro Abad (Córdoba), casado con ANA CUADRADO ROJAS, con 3 hijos, de 35 años de edad en 1939, afiliado sindicalmente a la CNT, y voluntario en el Ejército Republicano durante la guerra.

Rafael fue juzgado de manera breve, draconiana, en Pedro Abad el 28 de marzo de 1940, y condenado a la pena de muerte por un asesinato que no cometió, el del párroco de ese pueblo, Alfonso Canales Rojas, según se desprende en última instancia, por la persona que lo denunció, que rectifica su declaración.

El 23 de agosto de 1940, el auditor de guerra de Córdoba ratifica la sentencia a la espera del "ENTERADO" de su "Excelencia". No sabemos cuáles fueron los motivos, pero el visto bueno de Franco no llegó, suspendiéndose la ejecución el 16 de agosto de 1941 por el Capitán General de Sevilla. En ello, sin duda, tuvo que influir las gestiones familiares del reo y el cambio de opinión de la principal, y casi única testigo de la acusación, la madre del párroco asesinado, que el 14 de mayo de 1941, ante el Alcalde, dice " (...) que cree no tomó parte material en el asesinato de su referido hijo (...)", cuando antes, en 1939 estaba totalmente convencina. Es de suponer que las circunstancias y las vendetas de los momentos posteriores al final de la guerra y las consecuentes orgías de sangre por parte de los vencedores sobre los vencidos, obligaron a esta buena mujer a decir lo que dijo sopena de las trágica consecuencias que conllevarían

La madre del sacerdote asesinado cambia de opinión

El 27 de septiembre de 1941 Franco "conmuta" la pena de muerte a la inferior en rango, es decir, treinta años de reclusión mayor. Los años pasaron, y las cárceles fueron vaciándose poco a poco, comuntándosele de nuevo la pena a Rafael García García el 28 de diciembre de 1943, a una inferior, esto es de veinte años de prisión. En esos días se encontraba en Dos Hermanas, en la conocida como Colonia Penitenciaria Militarizada, como mano de obra esclava en la construcción de diversas infraestructuras y canales de hidrológicos y de regadío.

A partir de aquí le perdemos el rastro a nuestro protagonista de hoy que milagrosamente salvó la vida para convertirse en esclavo del franquismo.

FUENTE: 

- Sumario 35.509, legajo 1.163, nº 29.954 abierto contra Rafael García García. Archivo Histórico del Tribunal Militar Territorial Togado nº 2 de Sevilla.

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sábado, 2 de febrero de 2013

Las ejecuciones sumarias de Cristóbal y Juan Díaz Borrego y Antonio Martínez Perezuelos, vecinos de Valenzuela (Córdoba)

Oficio sobre el cumplimiento de la sentencia a muerte
Llevamos días hablando en estas páginas de los mitos del franquismo, de los engendros creados para justificar no sólo su existencia, sino la guerra y el exterminio consecuente. La guerra fue, dicen los hagiógrafos, para evitar la sovietización de España. En apoyo de los revisionistas actuales ha tenido que salir hasta la propia Esperanza Aguirre que viene a decir que la "II República fue un auténtico desastre para España", al igual que ella, supongo, para la Comunidad de Madrid. A grandes rasgos y poco a poco, los sanos historiadores van desmontando uno a uno los mitos del franquismo, aunque algunos sigan pensando que los comunistas se comen a los niños, tienen rabo y tridente. Y es que aún hoy, muchos se siguen creyendo la leyenda oficial de la Transición, sin preocuparse en averiguar las realidades de aquel proceso histórico, como diría el historiador Ricard Vinyes, que afirma también que "averiguar y razonar cuesta", siendo más fácil para ciertas mentes sacar del bolsillo la baraja de los tópicos (abrir heridas, odios, revanchas, las dos Españas, ...) que el catecismo franquista nos dejó. "El mito encubre el conocimiento y la superstición substituye la razón", nos recuerda el historiador catalán.

Esa mitificación del franquismo, donde el color rojo era "colorao" (mi madre aún lo sigue diciendo) tuvo su versión local. Los nuevos jerifaltes del posguerra (apenas los hubo durante la contienda), en esa doble moral -totalitaria y machista vs misa de once y piedad cristiana- que los caracterizó siempre, crearon todo un elenco de falsedades e injurias sobre las "maldades" del rojerío de "ideas avanzadas". Así, de esta manera, en esa gran coctelera que fue la ficción jurídica de los consejos de guerra sumarísimos y de urgencia, se introducía un poquito de participación en "manifestaciones", un cuarto de kilo de "huelgas", un gran "pañuelo rojo" alrededor del cuello, una "escopeta" en la mano, algunas "imágenes religiosas incendiadas", y el saqueo de la casa de cualquier señorito venido a menos, y ya tenías un nuevo Cristo listo para la crucifixión, un hereje al que purificarle el alma, quemándole el cuerpo. Si a ese Cristo "rojo" lo aderazabas con un par de asesinatos o su vinculación en los "afusilamientos" (como dicen la letradas fuentes) de la localidad, tienes, como Shakespeare, una hermosa calavera entre las manos; un nuevo asesinato y un sentido canto elejíaco de los familiares, que como Miguel Hernández haría con su amigo Ramón Sijé, quisiera desamordazarlo y regresarlo del mundo  de los muertos al de los vivos para besar su noble calavera.

Pues bien, con esto quiero decir que muchos de los fusilados, maltratados, torturados, ... y en suma represaliados, lo fueron por su supuesta participación en los crímenes cometidos por los "rojos" en la vecina y cordobesa localidad de Valenzuela, donde hubo varias sacas de presos derechistas. Alrededor de estas muertes la mitología franquista convirtió la mentira en verdad; y las falsas acusaciones, en jurisprudencia contrastada. De esta manera, vemos en distintos expedientes consultados que por los mismos crímenes fueron asesinados gente de Cañete de las Torres, Valenzuela, Baena (Córdoba), Higuera y Santiago de Calatrava, Arjona o Porcuna (Jaén).

"Enterado" significa que la ejecución tiene el visto bueno de Franco
Así, de esta manera, llevamos ya tiempo tendiendo puentes hacia nuestras localidades vecinas dando como resultado la localización de varios expedientes de suma importancia. Entre otros, acabamos de localizar en el Archivo Histórico Militar de Sevilla los sumarios de los hermanos Cristóbal y Juan Díaz Borrego, así como, de Antonio Martínez Perezuelas.

Cristóbal Díaz Borrego, "Largo de la Borrega", tenía 50 años cuando fue detenido un 22 de abril de 1939 en un cortijo cercano a Valenzuela. Al parecer, según las indagatorias, fue Secretario del Socorro Rojo Internacional de la localidad, Presidente de Izquierda Republicana y miembro del Frente Popular de Valenzuela. Estaba casado con Josefa Serrano Luque, sin hijos.

Antonio Martínez Perezuelos, apodado "Mahoma", tenía 46 años cuando fue detenido, natural de Caniles de Baza, y casado con Teresa Casado Luna, con la que tuvo tres hijos.

Los dos fueron juzgados por asesinato un 20 de mayo de 1939 en Baena. El juicio exprés los condenó a la pena de muerte, que se ejecutó irónicamente en las tapias del "Buen Suceso" del cementerio de Baena. Sus cadáveres, para conocimiento general, y según las anotaciones del sepulturero, yacen en la "fosa común del Patio 1º de Arriba, Zona o Parcela 4ª" (sic).

Juan Díaz Borrego, de 48 años de edad, de Izquierda Republicana, donde ocupó varios cargos, casado con Rosa Pedregosa Arroyo, había estado refugiado en Jamilena (Jaén). Fue juzgado en Córdoba el 25 de noviembre de 1939, siendo condenado a la pena de muerte. Su sentencia apenas cubre una cuartilla de papel. Finalmente llegó el "enterado" de Franco un 22 de abril de 1941. El 3 de junio de ese año, siendo las 5,23 minutos de la madrugada, fue fusilado en el cementerio de San Rafael de Córdoba. Aquél día fueron ejecutadas, según el sumario (p.17) 28 personas en ese cementerio, lo que suponía un número elevadísimo por esas fechas cuando "supuestamente" el franquismo fusilero estaba más relajado. Decir de paso, que Juan Díaz Borrego no aparece en el buscador de víctimas de la web del historiador cordobés Patricio Hidalgo Luque, "La Guerra Civil en Córdoba".

Pues nada, que aquellos familiares o interesados en estos expedientes sumariales obtenidos en el Archivo Histórico Militar de Sevilla, solo tienen que ponerse en contacto con nosotros para obtenerlos. Gracias.

Guerra y represión en el sur de España

martes, 8 de enero de 2013

Manuel Muro López, "desterrado" en Porcuna

Sobreseimiento de Manuel Muro López, "El Cerilla Sucia"

Manuel Muro López, apodado “El Cerilla Sucia” nació en Córdoba el 24 de junio 1910. Durante la República fue detenido en varias ocasiones por su participación en huelgas, piquetes y tenencia ilícita de armas. Afiliado a la Sociedad de Albañiles de la UGT, le sorprendió el golpe militar del 17 de julio en un cortijo cercano a la capital califal. Allí se encontraba segando garbanzos, mientras los militares conspiraban. A principios de agosto de ese año es "obligado", según el sumario abierto contra él, por la “Caballería Roja” de Bujalance a internarse en territorio leal, ingresando voluntario en las Milicias de Jaén con el cargo de sargento; ostentando al final de la guerra el grado de capitán del Ejército Republicano.


Finiquitada la contienda es detenido y encerrado en el campo de concentración de la Granjuela (Córdoba). Posteriormente fue trasladado al campo de oficiales republicanos de Rota y de allí, una vez clasificado, de nuevo a Córdoba. Acusado de todos los males posibles, el 24 de enero de 1940 es puesto en libertad vigilada, instalándose en Porcuna (Jaén), previsiblemente desterrado, donde es de nuevo detenido y encerrado durante 3 meses, hasta su nuevo traslado a la prisión provincial de Jaén.


Es en Porcuna donde tuvo a uno de sus hijos, Manuel Muro Burgos, fruto de su matrimonio civil (que no católico) con Dolores Burgos Ruiz antes de la guerra. Desconocemos si tuvieron más hijos.


Finalmente, el auditor de guerra en 1943 dicta el sobreseimiento de la causa, quedando en libertad condicional hasta 1945. En los años 90 del pasado siglo sabemos que Manuel Muro vivía en Córdoba capital.


Para aquellos familiares que lo deseen, tenemos su expediente sumarial, que gustosamente les ofreceremos digitalizado. Gracias.


Fuente:


- Expediente sumarial 1.187, legajo 520/17.964 contra Manuel Muro López. Archivo Histórico Tribunal Militar Territorial Segundo de Sevilla.
- Acta de nacimiento de Manuel Muro Burgos. Registro Civil de Porcuna (consultado en  2012)




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sábado, 9 de junio de 2012

A Santiago Fernández Garrido no lo han podido borrar de la Historia

Casas bombardeadas en Porcuna
Oficiales de Teniente Coronel Redondo contamplan los daños provocados por la aviación



A nadie le llamará la atención ya, después de haber sido investigados miles de rincones de nuestra geografía, que los militares rebeldes alzados en armas contra la legítima y soberana República, utilizaron como táctica de guerra (muy cercana al genocidio) la “limpieza ideológica y social” que se venía practicando en el protectorado marroquí. Sólo habría que echar un vistazo a la obra de Arturo Barea para comprender los “métodos” represivos utilizados por los legionarios y regulares contra una población civil indefensa, que con frecuencia fue pasada a cuchillo, diezmada, y vejada. Esta “estrategia” del terror, practicada sin tapujos en Andalucía y Extremadura como magistralmente nos ha narrado Francisco Moreno Gómez en varias de sus obras, estuvo pensada y elaborada desde mucho antes del fatídico 17 de julio. No nos hartaremos de repetir  la soflama incendiaria de Mola meses antes de la rebelión: “es necesario crear una atmósfera de terror, hay que dejar sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todo el que no piense como nosotros. Tenemos que causar una gran impresión, todo aquel que sea abierta o secretamente defensor del Frente Popular debe ser fusilado” (Instrucción Reservada. Base 5ª. Mayo 1936).

La brutalidad, la llamada eufemísticamente “limpieza”, las detenciones, violaciones, fusilamientos, y otras execrables sevicias, amparadas en los llamados bandos de guerra, fueron de tal magnitud que los golpistas intentaron por todos los medios borrar los crímenes cometidos. Las cunetas y los cementerios quedaron colmados de cadáveres; los registros civiles o de cementerio se prestaban a silenciar los asesinatos, y si no era así, se certificaba la defunción bajo absurdas excusas, como “estrangulamiento”, “anemia”, “hemorragia interna”, … y otras perífrasis. Nunca, y decimos bien, sabremos el número total de víctimas que provocó lo más rancio y casposo del autoproclamado Ejército Nacional Africanista. ¡Nunca tan pocos, hicieron tanto daño a toda una Nación, que renunció constitucionalmente a la guerra como medida  para solucionar sus diferencias!.

Un ejemplo visible, palpable, con nombres y apellidos, olvidado como tantos, defenestrado y condenado a esa amnesia colectiva que nos impuso la transición, el posfranquismo sociológico y el revisionismo actual de tintes periodísticos, es nuestro convecino Santiago Fernández Garrido. Se trata de un ejemplo, de otro más, de la ocultación de la comisión de un crimen, que ni el mismo franquismo pudo ocultar. ¡Nos dejó demasiadas pistas a los historiadores, demasiados cadáveres mal enterrados!.

Por desgracia, para acercarnos a la vida de Santiago Fernández Garrido, debemos empezar por su defunción. Ésta se inscribió en el registro civil de Porcuna un 20 de abril de 1943, presuntamente porque el Tribunal de Responsabilidades Políticas así lo exigiese. De él sabemos que nació el 5 de julio de 1914, natural de Porcuna, hijo de Santiago y Desamparados, con domicilio en la calle San Juan, nº 8, de profesión, industrial (posiblemente dependiente) y de estado soltero, sin descendencia. En ella se dice que falleció en Córdoba, “donde accidentalmente se encontraba” el 7 de abril de 1937 a consecuencia de “los sucesos de la guerra pasada” (sic). Tenía 23 años. Podríamos pensar ingenuamente que los custodios del juzgado municipal eran unos cínicos, unos hipócritas; pero no, no lo eran, o por lo menos no en este aspecto. Los empleados judiciales sabían perfectamente la causa de la muerte de nuestro joven paisano, es más, sabían porqué se encontraba “accidentalmente” en Córdoba, la fecha exacta del óbito, y lo más importante, la tragedia que conllevó la “accidentalidad”, y que ellos pretendieron ocultar con una frase cargada de ambigüedad: “los sucesos de la guerra pasada”. Efectivamente se encontraba en Córdoba, pero no de manera casual, voluntaria, sino detenido por las tropas africanistas que entraron a sangre y fuego en Porcuna un 1º de enero de 1937; y su muerte, aunque utilizasen como perífrasis “los sucesos de la guerra pasada”, en realidad se trató de un fusilamiento, de una ejecución extrajudicial, de un asesinato condenable, de una tesela más del mosaico genocida del franquismo. Su cadáver yace en la fosa común del cementerio de San Rafael de Córdoba. 



La maquinaria rebelde no se contentó con la detención. Así, el 27 de enero de 1937, a los pocos días de haber sido detenido, el subalterno del Capitán Carazo, omnipotente comandante de la plaza de Porcuna, teniente de la Guardia Civil Juan Castillo Mena, como juez instructor en estos casos, abrió expediente de incautación de bienes contra el joven Santiago Fernández Garrido, en virtud de distintos bandos dictados por los rebeldes con fecha de 18 de agosto y 8 de septiembre de 1936. La Gestora Municipal nombrada por el Capitán de la Guardia Civil Francisco Carazo Carazo, dueño y señor de Porcuna durante la guerra, juez de horca y cuchillo, que decidió en gran medida la suerte vital de muchos paisan@s, quizás ante la impotencia de no poder “liberar” Torredonjimeno, de donde era oriundo; no tardó en prestar sus “servicios” y delaciones en contra de los huidos o detenidos ya. Así, de esta manera, testificaron en contra de Santiago, Antonio Gallo Aguilera, que dice de él que “era un esaltado” (sic), que “si bien no tuvo armas en la mano”, sus deseos eran los de “quemar la iglesia”, que servía de cárcel a los presos de derechas. Francisco A. Ruiz Ollero, maestro nacional,  miembro también de la Gestora, dice que es “de rumor público” que “hacía manifestaciones a favor de las hordas marxistas, y que es un muchacho de carácter violento y mudable”. También dice de él que su carácter es “nervioso y esaltado” (sic), pero que no lo vio con armas en la mano. Emiliano Vallejos Molina, labrador, en oposición al jornalero o campesino, es decir, que posee tierras, dice que “frecuentaba la taberna de un tal Méndez (en otros documentos aparece como Lendínez) huido con los rojos y de ideas extremistas”. Nos dice también que nunca llevó armas, que participó en mítines, pero “ignora que haya cometido algún crimen”. José Vázquez Sancho (sic) /Alonso/ , médico, dice de él que “le extraña fuese comunista teniendo capital”, resaltando  “que lo ha visto leer con convicción la prensa izquierdista, alegrándose de su contenido”. Tres detalles nos aporta el futuro munícipe franquista, uno, que tenía cierto desahogo económico, al poseer algunas tierras; dos, que sabía leer, y además la prensa izquierdista; y tres, que el comunismo es incompatible con el capital. Otro gestor, Jesús Morente Ruiz, administrador de loterías, dice que cuando Porcuna “estaba en manos de los rojos”, tenía “un genio ligero y fuguilla”. Esa fue su declaración y punto. También Rafael Izquierdo, comerciante y gestor en los primeros días tras la ocupación rebelde de Porcuna, también nos dice que por “rumor público era de ideas avanzadas”, suponemos que por lo retrógadas de las suyas.

 "Muros de la Memoria", cementerio de San Rafael (Córdoba)

Así, sin tener en cuenta la opinión del acusado, y menos aún de algún testigo de descargo que no fuese de la parte del novio, a Santiago Fernández Garrido, detenido ya, y con sus huesos en la prisión de Córdoba, se le procedió a hacer inventario de sus bienes “de toda clase”. Después, el Juez Instructor, aplicando los respectivos “bandos” concluye que “este individuo tenía actividades (¡) y hecho propagandas encaminadas a la implantación de un régimen Marxista en España, habiéndose opuesto al legítimo Ejército Nacional (el subrayado y la cursiva son nuestras) como los demuestran (sic), los informes y declaraciones” anteriores. Continúa: “este individuo ha sido sancionado a propuesta de la Comandancia Militar de esta Plaza (Carazo) y de orden del Coronel Jefe del Sector a la pena de destierro que en la actualidad se encuentra cumpliendo (...). Porcuna, uno de abril de 1937”. Destierro, que hay que advertir, cumplía por imposición, en la cárcel de Córdoba poco antes de ser fusilado. Estas fueron las pruebas, argumentaciones, y de paso sentencia ejecutoria en aplicación del bando de guerra, pues no tuvo juicio alguno, salvo el “rumor público”, la lectura de prensa izquierdista, y algo importantísimo, haberse opuesto, suponemos que con el verbo y la lectura (armas de destrucción masiva, sin duda) al “legítimo ejército nacional”. Finalmente resultó que no era un ”capitalista”, por poseer su madre tres hectáreas de tierra, en palabras del Sr. Vázquez, sino que en realidad eran tres fanegas y media de tierra calma, como consta en el expediente.

De este modo, en un oficio rubricado por el que fuese juez municipal, Antonio Barranco, fechado en Porcuna el 19 de octubre de 1937, se dice de nuestro desafortunado paisano, que era de filiación izquierdista, que profirió palabras ofensivas contra las personas de orden que fueron detenidas. Dicho “sujeto”, nos cuenta Barranco, fue detenido “por las autoridades militares al ser liberada la ciudad por ser un elemento de una conducta irregular y perturbadora (sic)”.

Finalizada la instrucción del expediente, sobre éste no se “dictaría sentencia” hasta después de la guerra, en aplicación ya de la Ley de 9 de febrero de 1939, sobre Responsabilidades Políticas, una ley que no sólo expolió y robó los bienes a las instituciones republicanas o de izquierdas, sino a los sindicatos y a los vencidos. De nuevo, reabierto el caso, en un oficio de la Guardia Civil se dice de Santiago Fernández, que “pertenecía al Partido Republicano Radical” (partido precisamente que no se caracterizó por su ideología marxista o izquierdista); “hizo propaganda callejera (...), usó armas (recuerden que los gestores municipales durante la guerra decían que no se le vio con armas), fue detenido al ser liberado este Pueblo y se dice que ha fallecido (¿sarcástico, no?); no se le reconocen bienes de ninguna clase”. En otro oficio, del Delegado Local de Falange, dice lo mismo, que “fue detenido, y que según rumores, se encuentra fallecido”; dato que también confirma con idénticas palabras el cura-párroco, Ramón Anguita y el alcalde, Benito Garrido Palacios en mayo de 1941.


Franco con el alcalde Cristóbal Muñoz Rodríguez en las escalinatas de la Parroquia de la Asunción. 5 de junio de 1951
Franco con el alcalde Cristóbal Muñoz Rodríguez (Porcuna, 1951)

El Juzgado Provincial de Jaén de Responsabilidades Políticas en oficio remitido al juzgado de Porcuna (abril de 1941), le requiere, en lo que parece una broma de mal gusto, que tome declaración al imputado. El juez, Cristóbal Muñoz Rodríguez, que sería alcalde en los años cincuenta, y que durante la guerra perteneció al cuerpo médico del ejército republicano, nos dice, seguramente con sorpresa o intentado por todos los medios negar lo evidente, es decir, el asesinato, que “Santiago Fernández Bellido (sic) fue detenido en el mes de enero de 1937, ignorándose su paradero” (18 de abril de 1941). En noviembre de ese año, la Guardia Civil de Porcuna, reconoce ya lo evidente, y afirma que Santiago Fernández fue “ejecutado en Córdoba el 7 de abril de 1937”. ¿Por qué entonces, en su partida de defunción se hace constar que murió a consecuencia de “los sucesos de la pasada guerra”?. ¿Por qué no constó, simplemente, que había sido fusilado?. Simple, ocultar el crimen, para así borrar cualquier indicio del asesinato cometido; para borrar su nombre de la Historia, en suma.

El procedimiento de incautación de bienes continuó; y así, la madre de la víctima, Desamparo Garrido Vallejos, con domicilio en la Plaza de San Juan nº 8, firmado de su puño y letra dijo tener tres fanegas y media de tierra calma en el sitio conocido como Cerro del Sacristán, con un valor aproximado de 2.500 pesetas. Finalmente, como si de una pesadilla se tratase, el 23 de octubre de 1943, se aprobó por el juzgado de Martos el sobreseimiento del acto, acordándose la cancelación de cualquier clase de trabas y embargos.

Así, como si nada hubiese ocurrido, como si el asesinato de Santiago Fernández no hubiese existido, la pseudojusticia franquista, cargada de solemnidad, daba por finalizado un procedimiento que paradójicamente nos ha dado las claves del crimen cometido. No sabremos si Franco respondió ante Dios de sus hechos; pero sí podemos afirmar, que lo está haciendo ante la Historia. Descanse en paz.

Fuentes y Bibliografía:
   

Apartado de correos nº 47-23790. Porcuna (Jaén)

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