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| Torre Nueva, presidio durante la posguerra |
La
Iglesia de Jesús no fue el único presidio habilitado de Porcuna. La
Torre Nueva, que había jugado un papel estratégico durante la guerra,
volvería a ser cárcel. En sus dos plantas se repartían varios
habitáculos a modo de celdas, y a ellas fueron a parar aquellos presos
que recibirían un tratamiento especial antes de ingresar en la ermita. Muchos de los que visitan hoy en día el Museo Arqueológico de Obulco,
es decir, la Torre Nueva, se llevan una imagen romántica y legendaria
de la misma. De hecho, esta Torre fue bautizada por los eruditos y
románticos como de “Boabdil”, pues allí estuvo preso el último rey
nazarí. Incluso, los más crédulos, cuando ven las cadenas argolladas al
muro, aún piensan que esas debieron ser las ataduras del Rey Chico. Por
el contrario, nadie sospecha, porque nadie se lo ha explicado, que en
aquella Torre calatrava, en la que nunca estuvo el hijo de Aixa, fueron
maltratados y torturados docenas de hombres en la posguerra. Varios
fueron los casos de muertes violentas y suicidios los que se produjeron
en aquél lugar. Juan Cámaras del Moral se suicidaría arrojándose por una ventana huyendo de sus torturadores o incitado por ellos; y, Juan de Mata Cespedosa del Pino,
apodado “Trepaollas”, subjefe la policía municipal con el Frente
Popular, fue brutalmente torturado, y finalmente asesinado un 14 de
octubre de 1940, aunque en su partida de defunción sólo aparezca un
lacónico “muerte por asfixia”. El suicidio es un fenómeno anómalo de la
posguerra que en Porcuna tiene unos niveles altísimos. Aunque es difícil
de dilucidar sus causas, muchos fueron sin duda, producto de la
represión y las torturas. Pozos, cortijadas, caminos e incluso arroyos
fueron los lugares preferibles de los suicidas. Los malos tratos, los
tormentos o la inducción al sucidio no fueron los únicos. Las víctimas
encarceladas también sufrieron los martirios psicológicos. Así, por
ejemplo, Bernardino del Pino Torres,
primer bibliotecario que hubo en Porcuna en 1934, fue detenido el 29 de
abril de 1939. Tras pasar por las caballerizas del cuartel de la
Guardia Civil, donde fue golpeado salvajemente por el sargento, fue
encerrado en la Torre. Allí, desde sus ventanucos, pese a sus súplicas,
impotente y enojado, tuvo que contemplar el tránsito de la “caja de la
caridad” en dos ocasiones: una el dos y la siguiente, el siete de mayo
de 1939. En ellas iban sus hijos Luis y Ramón, de 6 y 5 años de edad
respectivamente. A Bernardino no lo dejaron asistir al entierro de sus
propios hijos. Aquello le marcaría de por vida.
Pues
bien, por estos presidios habilitados, improvisados e inmundos pasaron
244 vecinos de Porcuna, según se desprende de la relación de reclusos
que recientemente hemos localizado en el Archivo Histórico de Porcuna, y
que pronto haremos público para conocimiento general.
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| Juan de Mata Cespedosa del Pino |
Continuará ....


